17/10/2019
Opinión

Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte XI)




Concluyendo, consideramos que como afectados directos de la crisis haitiana debemos redireccionar y orientar la lucha, por la solución de los problemas básicos de este pueblo, hacia su territorio.

Lo que debatimos hoy en la República Dominicana con los representantes de los derechos humanos y demás entidades, nacionales e internacionales; comprometidas, con la causa haitiana es la consecuencia de las sucesivas violaciones, de los derechos humanos en Haití. Por lo que consideramos que estos han equivocado su espacio de lucha su espacio de lucha es el territorio haitiano.

En cuanto al problema de la alimentación de los haitianos, inducir a los defensores y demás comprometidos con Haití, a luchar por garantizar un plato de alimento para las familias haitianas, en su territorio en vez de gastar el dinero en campañas de denuncias y logística, para que los haitianos abandonen su suelo y se establezcan de manera ilegal en nuestro país.

Te puede interesar: Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte X)

En cuanto a esto, aportaríamos nuestras experiencias y tecnología para orientar el funcionamiento de una red de comedores económicos, que aporte, tanto alimentos cocidos como crudos en suelo haitiano.

En lo educativo, garantizar un programa de construcción de escuelas para superar el déficit de aulas en la educación pública con que cuenta ese país. Para esto aportaríamos el modelo utilizado para las tandas extendidas, de probada eficiencia en República Dominicana.

Así tendríamos a los niños haitianos en las escuelas, con alimentación garantizada, mientras los padres, desempleados, se integrarían a brigadas de reforestación iniciando por la cuenca del Artibonito. A estos, podría pagarse con alimentos crudos o dinero en efectivo.

Te puede interesar: Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte IX)

Los profesores, de los que también hay un déficit, se formarían en la República Dominicana aprovechando las habilidades de la descendencia haitiana de aquellos inmigrantes de los últimos 50 años que manejan el español (oral y gramatical) y el creole (oral).

Bastaría con que se les reclute y alfabetice en creole  mientras se les forma como profesores, al menos a nivel técnico; en las universidades e institutos de nuestro país. Con la posibilidad de seguir avanzando en sus estudios profesionales en universidades haitianas.

Con esto, se garantizaría una plaza de trabajo, bien remunerada en Haití, para aquellos de ese origen y contribuiría a contrarrestar el déficit educativo en ese país y bajaría, además, la presión migratoria.

Te puede interesar: Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte VIII)

En lo relativo, a los servicios de salud, hemos de crear los mecanismos e inducir a los estudiantes de medicina haitianos, residentes en República Dominicana, a que realicen sus pasantías en Haití, que cursen sus periodos de residencia médica, en Haití y que finalmente, ejerzan en Haití.

También, es necesario inducir a la creación de las condiciones en territorio haitiano para el estudio de las especialidades médicas, de mayores demandas, del país.

En paralelo, hay que formar un amplio grupo de enfermeros(as), paramédicos, que asistan en el trabajo de salud, además de trabajadores sociales y promotores de salud, que realicen el trabajo proyectado, hacia los hogares de las diferentes comunidades haitianas.

Te puede interesar: Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte VII)

El accionar, tanto en educación como en salud, debe hacer énfasis en el manejo de crisis y resolución de conflictos, siempre utilizando recursos humanos de origen haitiano.

A la par de esas acciones, habría que sembrar el territorio haitiano de centros de atención primaria, que a la vez que realizan funciones curativas hagan énfasis en la educación familiar para mantener la salud.

Las acciones dirigidas a mejorar la alimentación, la educación, la salud y el trabajo aportarían facilidades para inducir al pueblo haitiano, al fortalecimiento de su registro civil.

Te puede interesar: Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte VI)

Como se ve, la República Dominicana cuenta con las condiciones para la ejecución del trabajo en el punto donde la necesidad lo requiere; también cuenta con su incuestionable e histórica disposición de cooperación con el pueblo haitiano.

Bastaría con que estas acciones puedan contar con el apoyo y garantía económica de los países y organismos internacionales comprometidos con la lucha por un Haití, mejorado.

De parte nuestra, a nivel interno, se requerirá sin excepción del concurso de todos los dominicanos. Evitar y penalizar el soborno, que cede el paso, que transporta, que alquila viviendas y que contrata servicios con ilegales.

Así podemos, desmotivar y reducir el ingreso de haitiano a nuestro territorio. Si cada dominicano, de manera individual entrega la parte de la soberanía que cree le corresponde, entonces nada tiene sentido, estamos perdidos.

Te puede interesar: Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte V)

Las iglesias, tanto católicas como protestantes, deben ser formadoras y exportadoras de líderes cristianos de origen haitiano. Los haitianos, en su tierra, creen en Dios pero su relación con este s muy mala.

No hay razón para que se desarrollen liderazgos religiosos haitianos en nuestro país, cuando la gran necesidad del mensaje de Cristo, está en Haití. Sumadas estas acciones, tanto seculares como religiosas, en el tiempo, han de producir un nuevo liderazgo, en Haití y por tanto un mejor país.

En el nuestro, se requiere la motivación de iniciativas, como la llevada a cabo por el Consejo Económico Binacional Quisqueya, liderado por Juan Vicini y Femando Capellán, en la frontera, así como las del Comité dominicano de solidaridad con Haití; representado por los doctores Armando Armentero y Juan Miguel Castillo Pantaleón.

Te puede interesar: Tras las huellas de Antonio de Osorio (parte IV)

Nuestra mejor carretera debe ser la que recorre la demarcación fronteriza, Dajabón-Pedernales. En ella, los monumentos a nuestros héroes, de la independencia y que allí se realicen los actos y las honras.

El símbolo viviente, de nuestra independencia, hoy, no lo constituyen las ruinas de la muralla de la ciudad colonial; la constituye nuestra frontera con Haití.

Que esta sea un espacio hábil, para que la población del país, haga turismo histórico; que se motive a recorrerle, frecuentemente, en toda su extensión, y allí rendir culto a los héroes, jurando seguir sus ejemplos, que jamás luzca sola y abandonada.

El abandono en 1605-1606, con las Devastaciones de Osorio produjo al Haití que hoy sufrimos.

Comentarios