22/11/2019
Opinión

Lo que significa una visita sorpresa




Son las 6.15 a.m de hoy domingo 6 de julio de 2014. Es una mañana fresca que en breve se convertirá en un caluroso día del trópico caribeño.  El Presidente Danilo Medina seguramente ya se habrá aseado, habrá tomado café y le habrá dado un beso a Candy. Antes de que llegue el mediodía sabremos cuál habrá sido el destino de su nueva visita sorpresa, pero no improvisada, a una de las localidades rurales de República Dominicana, una de esas a la que los políticos presidenciables solo visitan cuando están en campaña o cuándo van a inaugurar alguna obra de infraestructura.

El mandatario dominicano ha instaurado con sus visitas sorpresas un nuevo código de comunicación en la política, un nuevo ritual en la comunicación presidencial, que incluso se está exportando. Solo hay que ver que Obama, en sus momentos de más baja aprobación, ha empezado también a hacer apariciones sorpresas, y ya Hollande también lo hizo, por lo menos una vez, cuando quiso retomar la ofensiva de su imagen, en un momento tan bajo en la percepción pública que solo pudo ser hundida algo más por el lio de faldas que puso al descubierto que, efectivamente, desde la presidencia de Francia quería ser un hombre normal.

No es que antes de Danilo Medina ningún otro presidente, aquí o en el mundo, haya hecho visitas sorpresa. Seguro que sí, que otros las han hecho, y no me voy a poner a buscar en Google para demostrarlo, que no hay nada nuevo debajo del sol, decía Salomón en Esclesiastés. Bush llegó a visitar de sorpresa a las tropas norteamericanas apostadas en Medio Oriente. Álvaro Uribe se trasladaba con el gabinete a remotas localidades rurales y desde allí dirigía teatrales sesiones de gobierno con la participación del pueblo gritándole sus demandas, y el mandatario colombiano, a su vez, gritándoles reprimendas a sus ministros, por no haber hecho lo que tenían que haber hecho.

El mérito de Danilo Medina es la haber ritualizado la visita sorpresa, sistematizarlas, acuñarlas, dotarlas de sentido y sustancia, teatralidad y espontaneidad, simultáneamente, de previsibilidad y de sorpresa a la vez. Es haberla convertido en su trademark, como Franklin Delano Roosevelt hizo de sus «charlas junto a la hoguera» un sello distintivo.

¿Qué significa una visita sorpresa, además de lo que medirá el PNUD próximamente? Significa que el presidente no descansa nunca, que trabaja como un buey, hasta los domingos, cuando los demás descansan, para resolver los incontables problemas del país. Hasta Jehová, el creador de los cielos y la tierra descansó un día a la semana, luego de terminar la inmensa y agotadora labor de crear el universo. Pero Danilo no.  No importa que sea domingo, él no tiene día libre cuando se trata de resolver los problemas de los más pobres del país. Ese es el metamensaje de un presidente que solo ha faltado un par de veces a su cita dominical: algún Día de Las Madres, que en República Dominica es día sagrado, y alguna otra vez porque tenía gripe.

Significa que los pobres del país son la prioridad del presidente, porque Medina no inaugura campos de golf ni proyectos turísticos ni va a misa los domingos. El evangeliza en los campos.

Significa que Danilo es un presidente-reportero,  un testigo de primera mano de las necesidades de los más pobres del país, un mandatario que pisa tierra, que no está en las nubes, ni atrapado en los pasillos palaciegos, ni cercado por un infame anillo palaciego. No se entera por informes ni por terceros de la realidad, de los sueños y los desvelos de sus conciudadanos, sino que él mismo los constata cada domingo.

Significa que él se ve cómo uno más entre sus iguales, por eso se sienta con ellos a tertuliar en sillas de guano o de plástico, come tayota con los campesinos,  va a mear en desvencijado y remoto cuartel policial, y pide permiso para hacerlo como cualquier ciudadano de a pie, que le urge mear o hacer cualquier otra necesidad en el momento menos previsto.

Significa también que es un presidente-banquero y supervisor de obras del Estado, incluso con lo criticable y arriesgado que asumir esos roles podría tener.

Significa, como él prometió en campaña, que «tiene su propio librito», que ha impuesto un estilo diferente de hacer y contar la historia.

Artículo escrito por Melvin Peña

Melvin Peña es un consultor de negocios en temas de comunicación, marketing e innovación. Ha trabajado para 25 de las empresas más admiradas de República Dominicana en 15 sectores diferentes. También tiene una amplia experiencia como consultor en el sector público, organismos internacionales y empresas multinacionales. Es presidente de la firma Comunicaciones Integradas.

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