09/07/2020
Opinión

Diplomacia corporativa es lo que demanda el escenario internacional




Ha provocado revuelo la designación del arquitecto Andrés Navarro como canciller, por su falta de experiencia en política internacional. A mí también me ha sorprendido la designación, y confieso que  hubiese preferido ver en ese puesto a una persona joven pero fogueada en el escenario internacional de los negocios, como Eddy Martínez Manzueta, el ex director del CEI- RD.

Martínez Manzueta es versado en economía, política, historia, comunicación, marca-país,  y tecnología, entre otros temas más, útiles para encabezar las relaciones exteriores del país en el cambiante mundo en que vivimos. Además, viene del litoral del “ex aliado” Partido Reformista, el mismo del ex canciller, por lo que su designación pudo haber sido una movida inteligente para almidonar el camino de regreso a la alianza, si a las partes les llegara a interesar nuevamente.

El embajador en Washington, Aníbal de Castro, era otra opción muy digna, y seguro que hay muchas más que habrían resultado menos chirriantes que la selección del arquitecto Navarro. Andrés Vanderhorst Alvarez, otro ejemplo, quien ya lleva más de 10 años como director del Consejo Nacional de Competitividad y se percibió como un activo danilista en la campaña electoral de 2012.

Sin embargo, al nuevo canciller hay que darle el beneficio de la duda y al país la oportunidad de renovar a sus cuadros directivos. Quizás,  incluso, la inexperiencia de Navarro sea un impulsor para recomenzar la diplomacia dominicana, dándole prioridad a otros temas, como la economía y los negocios, que a mediano y largo plazo lucen más provechosos que la política internacional tradicional. ¿Por qué? Porque hace más de 20 años que terminó la Guerra Fría, y con ella, la importancia geopolítica que tuvo el país desde mediados de los 40 hasta los 80.

En lo que sí podemos ser relevantes todavía es como país bisagra del comercio internacional. Hemos suscritos tratados de libre comercio con Estados Unidos, Centroamérica, Caricom y Europa, acuerdos que sumados a nuestra ubicación geográfica en medio de las dos Américas  facilita que nos convirtamos en el puente comercial por excelencia para conectar los negocios a ambos lados del Atlántico.

Necesitamos diplomáticos versados en negocios internacionales, diplomáticos corporativos, que  puedan ser activos promotores de sus países como destinos de inversión, gente que entienda de marca país, de tratados de comercio internacional y expertos capaces de defender los intereses comerciales nacionales en el exterior, cuando fuere necesario.

Noten que las tensiones internacionales que ha padecido República Dominicana en los últimos tres años se han circunscritos a las relaciones comerciales con Haití, esencial y exclusivamente, con excepción del conflicto internacional surgido este año a raíz de la sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional.

En 2012, los haitianos vedaron los huevos, los pollos y el salamí provenientes de República Dominicana. En 2013, la escalada adversa alcanzó la harina de trigo y a las bebidas alcohólicas. Más adelante fue obstaculizada la importación de productos plásticos de origen dominicano. Y más recientemente se intentó poner trabas la importación de cebollas y habichuelas producidas en este país.

Todo esos conflictos han sido movidos fundamentalmente por la élite empresarial haitiana. De manera que República Dominicana necesita más que nunca una diplomacia corporativa, encabezada por hombres de estado que tengan un pie en la política y otro en los negocios o por hombres de negocios que puedan manejarse con idoneidad en los espacios de la política (Tony Isa Conde, otra opción que me llega ahora a la cabeza).

Los diplomáticos corporativos son profesionales capaces de establecer tanto mapas de poder como mapas de públicos de interés, funcionarios capaces de promover a la República Dominicana como destino de inversión y de defender lo intereses comerciales del país en el exterior.

El nuevo canciller, que ahora mismo es una tábula rasa en materia de relaciones exteriores, como él mismo ha confesado, tiene en la diplomacia corporativa una oportunidad no solo de aprender, sino de impulsar un nuevo modelo de diplomacia, más acorde con los tiempos que vivimos.

Artículo escrito por Melvin Peña

Melvin Peña es un consultor de negocios en temas de comunicación, marketing e innovación. Ha trabajado para 25 de las empresas más admiradas de República Dominicana en 15 sectores diferentes. También tiene una amplia experiencia como consultor en el sector público, organismos internacionales y empresas multinacionales. Es presidente de la firma Comunicaciones Integradas.

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