Opinión

Una paradita, revisar el camino y seguir avanzando

Aunque para el desarrollo histórico 43 años no es nada, lo es cuando se trata de la vida de unidades complejas, como son los partidos políticos.

Esos 43 años atrás, no nos hubiéramos imaginado que los partidos comunistas, actuantes en las naciones del capitalismo desarrollado y aquellos donde ya se había establecido el socialismo, iban a experimentar las crisis que hoy les abate.

Esto porque eran las herramientas correctas, en manos del proletariado, para liderar la lucha contra la burguesía, en el avance hacia la instauración del socialismo, en todos los pueblos del mundo.

Ver los avances de los partidos comunistas, en Europa del este y China, no permitía albergar la más mínima duda, de que ese proceso habría de salir triunfante, en esa parte del mundo, con posibilidades de extenderse, con el tiempo, por todo el globo.

Solo que maduraran a su tiempo, las condiciones necesarias, en cada pueblo, para que la lucha de clase quedara claramente definida. L a burguesía y el proletariado, marcarían con sangre sus espacios de confrontación.

No fue así, la historia hoy nos muestra que ocurrió lo impensable, para los líderes y expositores del pensamiento político revolucionario de principio de los 70.

Contrario a lo esperado, la lucha proletaria fue desvirtuada y penetrada por el capitalismo y con esto, los países donde habían prendido esas ideas, arrastrados a participar, en los desgarradores procesos económicos, políticos y sociales, típicos del capitalismo; asumiendo cada uno las variantes propias de su región.

Todos asechados por el capitalismo financiero, última etapa de este y señalado por Marx, como el germen de su autodestrucción.

Difícil fue para nosotros, los dominicanos, entender la imposibilidad del desarrollo de la revolución socialista en nuestro territorio. Precisamente porque nuestro capitalismo no había alcanzado esos parámetros de desarrollo y por tanto, la sociedad no contenía los elementos contradictorios, que habrían de manifestarse.

A diez años del ajusticiamiento de Trujillo la burguesía dominicana era apenas un tierno germen, que podía actuar desde el punto de vista económico, pero sin la más mínima visión social.

Tenía que ser así, porque esa es una condición que se madura. No se adquiere por el simple hecho de tener dinero e invertir.

En el caso de los obreros, la mayoría de las experiencias venían de confrontaciones, no contra la burguesía, representada en el Estado, sino contra una persona que se había adueñado del aparato estatal y productivo, a base de fuerza y terror; que oprimía tanto a la burguesía, como a los obreros.

Tal situación nos colocaba, entonces en una posición en la que hasta la muerte de Trujillo, los intereses políticos de obreros y burguesía fueran coincidentes. Ambas clases sociales, señaladas para protagonizar el enfrentamiento a muerte, empujaban hacia un mismo lado.

Entrampados por la dictadura; la burguesía no se pudo organizar para explotar a los obreros y estos por vía de consecuencia, no podían reaccionar a una explotación que no se ejecutaba sobre ellos.

No había posibilidad de que a pocos años de romper esas coincidencias, pudiésemos hablar de la revolución socialista dominicana.

La revolución socialista en la República Dominicana solo era una idea que dominaba las mentes de un amplio número de valiosos jóvenes pequeño burgueses; que con empeño, en contra de su propia naturaleza, querían asumir el papel histórico de los obreros, en la lucha por la construcción del socialismo.

Ese es el escenario en que se ve inmerso Juan Bosch cuando, tras haber conocido el marxismo, se hace insoportable su permanencia en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1973. Sin que hubiese posibilidad de sumarse al universo revolucionario existente, en la República Dominicana.

Cuando se interroga a Juan Bosch sobre qué pasaba en el PRD en 1973, responde:

“El partido (PRD) tenía una organización fundamentada en la dirección de carácter personal, y nosotros hemos pasado esa dirección de carácter personal a carácter colectivo. Es decir, el partido antes era dirigido en última instancia por un hombre, todo lo que se hacía en el partido, en última instancia se le consultaba a un hombre, o era yo, cuando lo presidía yo o era el Dr. Peña Gómez, cuando el Dr. Peña Gómez era secretario general”, (Matías Bosch Carcuro. Una biografía de Juan Bosch. Pag. 262).

Como se puede notar, para la fecha el profesor Juan Bosch, aún dentro del PRD, valoraba la importancia del desarrollo de una dirección partidaria colectiva y democrática, como una forma de evitar la desviación que encarna el personalismo en la dirección de las organizaciones políticas.

Más adelante afirma Bosch: “Yo ya no tenía confianza en el PRD, porque se estaban desatando las ambiciones, habían surgido los llamados “políticos profesionales”, que aspiraban a hacer fortuna de la política” (ibid).

El individualismo, fue otra preocupación de Juan Bosch, ya para 1973, aún dentro del PRD, observaba en ese laboratorio los vicios de la pequeña burguesía, clase social de la que habría de nutrirse la nueva organización, que decretaba la superación histórica del partido, a que pertenecía al momento.

Más adelante veríamos cómo el líder, en la conformación del PLD, organización que habría de alojarle hasta el día su muerte, se empeñaría en crear una organización de líderes, líderes actuando a lo interno de organismos y armados con un método de trabajo, que a la vez que garantizaban el buen resultado, les protegían de sí mismos.

En la mente del líder predominaba la idea de que no era posible controlar los desenfrenos, que les son propios, por naturaleza, a la pequeña burguesía, sin que existiesen organismos, en constante operación y vigilancia.

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