14/11/2019
Opinión

Por qué me quedo en el PRD




Milito en el Partido Revolucionario Dominicano desde que tengo 19 años. He formado parte de todas las estructuras del Partido. Pertenecí a la juventud del PRD cuando por mi edad me correspondía estar en ese organismo. Todos mis recuerdos políticos, mi formación humana e intelectual, y mis grandes amigos y amigas están unidos a las siglas “PRD”. Lo que en política he sido se lo debo a este partido.

En el PRD encontré el medio para llevar a cabo mis ideas y hacer posible mi concepción de la vida y de la sociedad. Yo desde muy joven pensé que la mejor forma de transformar la sociedad y de luchar por mi concepción del interés general era a través de la organización política que coincidía con mi planteamientos ideológicos. Por eso durante todo este tiempo he militado en el  Partido Revolucionario Dominicano.

Siempre me he revelado contra los que dicen que el PRD es sobre todo un sentimiento y que por eso debemos cuidarlo, incluso mimarlo, porque es así como se trata a los buenos sentimientos. Un partido político que pretende transformar la realidad y derribar las injusticias es algo distinto a un sentimiento, aunque sus militantes sientan sus siglas como parte de su propia identidad personal.

El PRD es una tradición, una historia, un grupo humano que comparte unos valores y unos principios, y que pretende ser útil al conjunto de la sociedad. El PRD tiene que ser un partido socialista, progresista o socialdemócrata del siglo XXI que aspira a gobernar el país, y si hablamos de Gobierno hablamos de mayorías, y por lo tanto nuestras fronteras no se pueden ni se deben quedar en los socialistas, los progresistas o los socialdemócratas, sino que se deben ampliar al conjunto de las familias dominicanas, a los trabajadores y pequeños empresarios, a todos aquellos que comparten nuestro concepto de justicia, de igualdad, de solidaridad y de progreso. Trabajar por todos ellos me trajo un día a lo que desde entonces considero mi casa, mi hogar ideológico y político. Y uno no se va de su casa, no abandona su hogar, no reniega de su familia, se puede pelear con ella, le pueden intentar echar de su casa, pero lucha hasta la última gota de su sudor para seguir viviendo en su hogar y conviviendo con su familia.

Los ideales que me trajeron a esta organización siguen intactos, ni los reveses de la vida ni las derrotas de las urnas los han ensombrecido. Mi ilusión es la misma del primer día que entre por la puerta de la sede del Partido. Pero sobre todo, lo que no ha cambiado, ni para mí ni para ninguno de nosotros, es la necesidad de trabajar por un país y por unas personas que siguen padeciendo la injusticia, el desigual reparto de la riqueza o la poca solidaridad de los que más poder tienen sobre los que menos poder detentan.

Para ellos, para los que no tienen fortunas, ni empresas, ni nacieron en buena cuna, ni fueron a universidades en el extranjero, ni pertenecen a familias de rancia tradición, para ellos nuestro partido sigue siendo necesario. Y yo creo, que además de necesario, si nos empeñamos tiene que ser útil.

Quiero luchar contra el maleficio histórico que parece que nos obliga a los perredeistas a dividirnos cada cierto tiempo. Hay quien dice que la división está en nuestro ADN fundacional, pero yo me resisto a que el ADN de nuestros antepasados determine nuestro futuro y el de nuestros hijos. He pasado una gran parte de vida luchando porque las atávicas costumbres machistas heredadas de nuestros padres pasen a nuestros hijos. Y ahora, en un momento decisivo de la historia de nuestro partido, no me voy a resignar a que, una vez más, me digan que la división es parte de nuestra herencia. Rechazo las herencias que nos hacen más pobres y más débiles.

Cada vez que un dirigente o un grupo de dirigentes han salido de nuestras filas y ha formado otra organización, nos ha hecho daño durante un tiempo, pero todas las organizaciones que han salido del PRD han sido más pequeñas, más frágiles y más efímeras que nuestra partido.

Me quedo en el PRD para seguir luchando por aquello en lo que he creído desde que era una joven comprometida e idealista. Me quedo en el PRD porque sigo pensando que  puede ser un partido útil para transformar la sociedad y hacer un país mejor. Me quedo en el PRD porque los dirigentes pasaremos, pero la organización permanecerá y nuestro deber es entregar a las próximas generaciones una organización más fuerte y más orgullosa de su historia. Me quedo en el PRD porque este partido no es de sus actuales dirigentes, ni siquiera de sus futuros dirigentes, es de todos los dominicanos y dominicanas que compartimos una visión común de nuestro país. Me quedo en el PRD sin esperar nada a cambio, sin pedir nada, en la última fila, como una militante más que quiere arrimar su hombro y que no se resigna a abandonar un hogar que no tiene nidueños ni señores. Me quedo en el PRD siguiendo el ejemplo de José Francisco Peña Gómez PERDONANDO y trabajando por sus palabras: El PRD unido jamás será vencido.

Artículo publicado originalmente por la autora el 22 de marzo en el blog www.eldiariodejanet.blogspot.com

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