19/09/2019
Opinión

No te soltaré hasta que no me bendigas…

Por Atahualpa Jiménez

Tu éxito podría estar en estas palabras:
No te soltaré hasta que no me bendigas…

Tener un mejor trabajo, ganar más dinero, que el dinero que gano me rinda, estar saludable, aprender nuevas cosas, viajar, tener una casa, tener carro nuevo, pasar más tiempo con la familia… ¡ser feliz!

Todas estas cosas y aún más, son las que consideramos parte del éxito, sin embargo para la gran mayoría de nosotros son cosas que parecen eludirnos,  pero lo cierto es que todos tenemos el potencial de lograr las cosas que queremos si somos persistentes. 

A las circunstancias y adversidades de la vida se le gana por cansancio.

No te soltaré hasta que no me bendigas…

Esto le dijo el patriarca Jacob al Ángel de Dios. Esta historia de la Biblia siempre me fascinó, por la serie de preguntas que generaba en mi. Como por ejemplo,  el hecho de que un simple humano le ponga condiciones a un ser superior, un ser que podía borrarlo de la faz de la tierra en un segundo.

Para aquellos que no conocen la historia se la voy a resumir, esto es lo que sucedió según la Biblia en el libro de Génesis capítulo 32; Jacob hijo de Isaac le quitó con engaño la bendición de su padre a su hermano Esaú, al parecer en ese tiempo esa bendición era muy importante más aun que las cosas materiales que también se heredaban. Jacob preparó un guiso como le gustaba a Esaú y, para hacer el cuento corto, este cambió su bendición por el guiso. De ahí comenzó una quisquilla entre hermanos que hizo que Jacob saliera huyendo de la casa paterna y buscar refugio en otros lares, en donde al parecer le “funciono” la bendición y prosperó.

Un día se le metió a Jacob en la mente que ya estaba bueno y que quería regresar a su tierra, Jacob ahora con familia y muchos bienes recogió todo y emprendió el viaje de regreso, de camino le llegan noticias de que su hermano Esaú viene a su encuentro con un gran ejercito, uno se podría imaginar el sentimiento de miedo y angustia que embargó a Jacob, ¿Un ejercito?

La noche anterior a ese encuentro fue cuando Jacob entró en pánico, ya usted sabe, su hermano viene, presumía él, a matarlo ¿Puede haber mayor angustia que la muerte inminente? Creo que para un humano no.

Esa noche fue cuando sucedió. Jacob, asustado, se retiró en la noche a orar, y según cuenta la historia un ángel se le apareció y lucharon. Se puede imaginar. Jacob solo, en angustia y para rematar se le aparece un desconocido que él no sabe cuales son sus intenciones, la reacción normal y humana es la de pelear o huir. Jacob, aunque con miedo, luchó.

Y en la lucha comprendió que este nuevo problema encima de tantos era una oportunidad, pues se dio cuenta que aquel extraño no era común. Supo discernir que era alguien diferente y hasta superior. Y que el problema en realidad podría ser una gran oportunidad.  Y se aferró de él sin rendirse hasta que su objetivo se lograra.

“No te soltaré hasta que no me bendigas” —fueron sus palabras acompañadas del hecho de que en verdad ¡no lo soltó!— ¡Tipo guapo! ¿Cuántas veces nuestras palabras y deseos van acompañadas de acciones oportunas y acorde a lo que deseamos?  Para la gran mayoría rara vez.

¡Entonces sucedió! El hombre desconocido lo bendijo y le hizo una promesa. Lo interesante de esto es que aunque esto pasó, según las evidencias, nada había cambiado, Jacob aún seguía en la misma situación. Pero más allá de lo evidente algo en efecto y realmente había cambiado, y ese fue Jacob. Su mentalidad sus acciones su forma de ser y sus esperanzas habían cambiado.

Y esta es una parte muy importante, no es el cambio de circunstancias las que nos llevan al éxito, es el cambio en la forma de ver y actuar frente a esas circunstancias las que logran el resultado que perseguimos.

Reconocer que lo que queremos —si es bueno— y queremos que sea duradero, no llegará inmediatamente, llegará como parte de emprender un camino constante, avanzar día a día aunque sea un poco y a nuestro ritmo, pero avanzar. 

Y avanzar teniendo un norte: un objetivo y no perderlo de vista. Esto en mi opinión hace que todas nuestras acciones aun las que aparentemente no tienen nada que ver con nuestro objetivo se alinien y conecten.

Tú podrás sorprenderte cuando algo simple y cotidiano puede ser el detonante de tu éxito, solo por el hecho de que estabas enfocado.

Así pues, si lo que quieres es bueno, comprende que te costará, identifica el camino y una ves lo emprendas dile a eso:  no te soltaré hasta que no me bendigas.

Atahualpa Jiménez es CEO Ment Media Group.

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