Cine

“Lion”: emotiva e interesante

Lion es un drama realista e sincero que conmueve e invita a la reflexión, mientras construye una historia de búsqueda e identificación.

Inspirada en hechos reales, y basada en el libro autobiográfico A Long Way Home, escrito por Saroo Brierley, la historia está notablemente dividida en dos partes, cada de las cuales se diferencian en tono, alcances y profundidad.

El primer tramo del film, o más bien algo más de la mitad de la película, es la sección más interesante. Poética y al mismo tiempo impactante y sobrecogedora –es mucho más lo que se infiere, pero para los fines de esta historia, no viene al caso abundar sobre ello– es aquí donde se introducen los personajes y también queda definido el destino del protagonista.

Pese a la extrema precariedad circundante –impresionante y un tanto lirica fotografía de Greig Fraser– y los peligros que acechan en un lado y hacia el otro, el tono es más bien ligero y de aventura.

La segunda parte, sin embargo, está dominada por el drama, y es aquí donde la intensidad y el ritmo de ‘Lion; decaen fruto de cierto estancamiento de la narración que se torna entonces común y corriente, y además como consecuencia de que el desenlace, aunque patético y conmovedor, se vislumbra en el horizonte.

Saroo es un niño despierto y vivaracho y con el cual, es casi imposible no simpatizar desde el primer instante. El y su hermano mayor Guddu viven junto a su madre en un empobrecido caserío en La India. Sobreviven de lo que se pueden apropiar en las calles, de las sobras o de la caridad pública.

Un día, y mientras su hermano va en busca de algo que hacer, Saroo se queda dormitando en una estación de tren, y cuando despierta no hay ni una sola alma por los alrededores. No está Guddu ni tampoco el bullicio o el acostumbrado gentío. Atemorizado, se sube a un tren que lo trasporta más de mil 600 kilómetros de su lugar de origen.

Él no sabe dónde está y además, habla un dialecto que nadie entiende. ¿Qué podrá hacer un niño de 5 años ante tales circunstancias?

Lion es inevitablemente emotiva, ¿o acaso manipuladora? Pero todo dependerá en definitiva de como el film sea recibido por cada quien. Lo que no queda bien planteado, no obstante, es el trauma psicológico que arrastró un niño que ahora es adulto, y lo cual es esencia, aquél cúmulo de memorias no olvidadas, lo que lo impulsa a desandar el camino recorrido.

Tampoco aporta valor mucho a la narración, y más bien le resta dinamismo, el vital uso de Google Earth en la película. Es decir, se entiende el rol de esta tecnología en la historia, pero aún así es difícil no percibir la misma con un sentido publicitario también.

De todas formas, esto no es un obstáculo para que Lion impacte profundamente al espectador. Para entonces, la fabulosa interpretación del debutante niño Sunny Pawar, con sus grandes ojos y su resuelta actitud, se ha adueñado del corazón del público.

Notable y convincente actuación del Nicole Kidman como la sufrida madre con dos hijos adoptados y múltiples traumas con los cuales lidiar.

Igualmente, muy buena actuación también de Dev Patel, quien representa al Sunny ya adulto. Atrapado entre dos mundos, Patel consigue con este personaje su más sólida interpretación desde que saltara a la fama mundial con Slumdog Millionaire en el año 2008.

Y finalmente, para alguien que realiza su debut en el cine con un film de tanta prestancia y repercusión como es el caso del director Garth Davis, las cosas no podían haber salido mejor. Auspicioso debut para este realizador australiano.

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