29/09/2022
Opinión

Las juntas de vecinos en RD: último faro de la defensa popular




El espíritu solidario conquistado por el hombre, mucho antes de abandonar la vida salvaje, para poder sobrevivir a los desafíos de la naturaleza, le acompaña aún hoy, expresado en ese deseo o disposición de ayudar a quien le quede al lado, a su vecino.

Era frecuente, todavía a principio de los años 70, en República Dominicana, el tránsito de platos bidireccional o unidireccional, entre una casa y otra. Esto como una expresión de solidaridad, ante la incertidumbre que planteaba el día a día alimentario de cada familia.

De manera natural y en condiciones normales, la primera llamada de auxilio provocada por un momento de dificultad, siempre va dirigida a nuestro vecino más cercano. Hasta llegar a afirmar que “nuestra familia es el vecino más cercano”.

Basado en ese principio de fraternidad y defensa del interés común, entre aquellos con quienes compartimos un breve espacio geográfico, surgen en una buena parte del mundo, las juntas de vecinos u otras organizaciones similares.

Este importante mecanismo popular, se institucionaliza y promueve, a interés de organismos nacionales e internacionales, que ven en él, un surco esencial en que se debe colocar la semilla de la integración comunitaria. Imprescindible para el seguimiento de iniciativas, cuyo desarrollo sostenible es imposible, sin el empoderamiento de las comunidades.

Desde el punto de vista formal, (según la revista municipal de septiembre 1982) las juntas de vecinos fueron instauradas, en el distrito nacional, por Pedro A. Franco Badía, en su gestión municipal 1978-82, siendo la primera en juramentarse, la de Buenos Aires de Herrera, que entonces era parte del Distrito Nacional.

Eran momentos en que el fervor revolucionario, copaba las mentes de una buena parte de la población, fundamentalmente, la juventud dominicana. Este sentimiento se expresaba en los barrios, a través de los clubes, inspirados básicamente en los movimientos revolucionarios centroamericanos, suramericanos y en la revolución cubana.

Ese mismo fervor que acompañó al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), a poner fin a los 12 años de Balaguer; ya logrado ese objetivo, se constituía en una retranca, para la puesta en ejecución de las iniciativas del naciente gobierno.

Había que apelar, entonces, a un mecanismo de consulta comunitaria, que viera como concluido el proceso de lucha ideológica.

Es el escenario en que se inscriben las juntas de vecinos, su misión inicial fue servir como cajas de resonancia, a la puesta en ejecución de las propuestas gubernamentales de la administración perredeista del momento, fundamentalmente, para los empobrecidos barrios de las zonas urbanas.

La reacción del movimiento revolucionario no se hizo esperar, conscientes de que la lucha, si bien en un principio, era contra Balaguer; los objetivos a ser alcanzado excedían a este. La lucha habría de continuar, pues cambiaron las personas, pero en esencia los procesos, seguían igual.

Las organizaciones de la izquierda dominicana, lanzaron la iniciativa de formación de frentes de masas, con fuertes raíces en las bases de la población. Uno de los más emblemáticos de estos, fue el lanzado por el Partido Comunista del Trabajo (PCT), llamado Frente Popular Dominicano (FPR).

Estos mecanismos de defensa, de las auténticas reivindicaciones sociales y que veían como inconcluso el proceso de lucha, se expresaron a través de los comités de lucha popular, las coordinadoras de lucha popular y el consejo de unidad popular.

En este mismo escenario, los comités de base y comités intermedios del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), se mantenían activos; con una posición crítica, ante la situación nacional, una propuesta social y política, coincidente con el interés comunitario.

Con mecanismos semejantes contaba el PRD, pero estos estaban destinados, como es natural, a justificar todo lo existente. Estas labores se desarrollan a través del control, casi total de las juntas de vecinos. Tanto que los comités de base del PRD y las juntas de vecinos tenían, en la mayoría de los casos, el mismo local.

Digno es de mencionar, el papel de las organizaciones sindicales, que habían sobrevivido a los 12 años de Balaguer; como propulsores de la lucha por reivindicaciones populares.

De mucha importancia, para estos movimientos de alcance nacional, fue La universidad autónoma de Santo Domingo; como principal centro de debate y protección de las ideas políticas más avanzadas de la época.

Al parecer el papel histórico de esos mecanismos de lucha popular se ha cumplido. Bien sea porque los actores que impulsaban esos procesos, se sienten satisfecho, con lo alcanzado o porque, la agenda de las demandas populares de entonces, está cubierta.

Las motivaciones de las luchas en las calles y montañas, que antes nos desvelaban, no existen. Las motivaciones son otras; por tanto, el escenario de la lucha ha cambiado.

Si alguien se desubica, históricamente y quiere reeditar esos gloriosos momentos del movimiento popular de los años 70, 80 y 90, ha de hacerlo reclutando y pagando mercenarios, encapuchados.

Estos son los días, de debatir para que funcionen los mecanismos, logrados con aquellas luchas y para insertar los que aun falten.

Que lo acordado, por todos, en la constitución y las leyes, se cumpla.

Las juntas de vecinos, como único elemento aglutinador de los intereses de las comunidades, han de fortalecerse, sanearse, dimensionarse y verse a sí misma, como la entidad sobreviviente, de todos los mecanismos de defensa, con que antes contaban las comunidades.

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