29/09/2022
Política

El 2016 es meta de Miguel Vargas




El 2016 es la meta. La carrera empezó temprano y el plan de ruta supone sortear, en poco menos de tres años, obstáculos que para muchos parecen insuperables. El principal oponente todavía es interno y desde mayo del 2012, cuando Danilo Medina se alzó con la presidencia de la República, tiene nombre y apellido: Hipólito Mejía.

El protagonista es Miguel Vargas Maldonado, presidente de un Partido Revolucionario Dominicano (PRD) enredado en las patas de los caballos desde ese entonces, sumido en una crisis interna que el pasado 4 de mayo vio el primer destello de luz cuando se produjo la que puede considerarse como primera reunión importante entre éste y Mejía, encuentro apadrinado por José Miguel Soto Jiménez, quien fuera jefe de las Fuerzas Armadas durante la presidencia del último (2000-2004).

Aún se desconocen los detalles sobre el protocolo que se redacta entre las reuniones que Vargas y Mejía han sostenido, la última de ellas celebrada la semana en el apartamento de José Joaquín Puello, otro de los mediadores interesado en una rápida solución en esta crisis, pero el presidente del PRD empieza a enviar señales claras sobre los puntos que cree innegociables, independientemente de la agenda que se acuerde en el futuro.

El pasado miércoles, mismo día en que se celebró la segunda reunión entre los líderes perredeístas de las partes en conflicto, Vargas Maldonado –secretario de Obras Públicas en el gobierno de Mejía– fijó en Twitter una posición más clara que las turbias declaraciones del vocero oficial: “Conversaciones no afectan sanciones adoptadas por Consejo Nacional de Disciplina frente al ex presidente Mejía y otros ex dirigentes” del partido blanco.

Vargas Maldonado es reiterativo cuando apela a los mandatos disciplinarios del  organismo que expulsó a Mejía y suspendió a Orlando Jorge Mera, entonces secretario general del PRD, y otros de sus dirigentes. “Para desalojar del poder al PLD, la dirigencia y militancia perredeísta deben convertirse en una disciplinada y eficaz maquinaria electoral”, escribió el presidente del PRD este sábado.

Con el poder que, por lo menos hasta hoy, atribuye la presidencia del partido, Vargas Maldonado se aferra a los estatutos, apelando al 2014 y no al 2013 en que Mejía quisiera ver en marcha la celebración de la convención interna, para extender en el tiempo sus posibilidades estratégicas para seguir atrayendo a sus principales dirigentes que están en el tablero de juego, pero del otro lado de la cancha.

Y las aspiraciones de quien fuera candidato presidencial en el 2008, perdiendo a cuenta de Leonel Fernández, están cada vez más claras: “Nos hemos planteado la misión de ganar la presidencia de la República y lograr mayoría en el Congreso y ayuntamientos en elecciones del 2016”, reiteró Vargas Maldonado en Twitter.

Su maquinaria mantiene los motores encendidos desde mayo del año pasado, aún cuando Hipólito Mejía no se había repuesto de la derrota en las elecciones. Miguel Vargas este sábado se movió con soltura por las comunidades del interior de Cenoví, Pontón, Las Guáranas, La Peña y San Francisco de Macorís. Por esos lares, visitó al ex dirigente reformista Oriol Negrín, inauguró un local provincial del PRD y juramentó un movimiento juvenil. Al parecer, Miguel Vargas Maldonado tiene su propia agenda, un poco diferente a la que quisiera Hipólito Mejía en estos momentos.

Artículo escrito por Máximo Jiménez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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