19/02/2020
Opinión

¿A quién culpar por esas tragedias?

Los constantes asesinatos de mujeres por parte de sus maridos o ex maridos, tienen de alguna manera que llevarnos a reflexionar como sociedad qué es lo que nos está pasando.

Los crímenes cometidos por adultos y adolescentes contra menores o  cualquier ciudadano sin motivos aparentes y que nos han llevado a perder nuestra capacidad de asombro también tienen que ponernos a pensar en que medio ambiente es que residimos.

En fin, parecería que vamos hacia la decadencia total sobre nuestro modo de convivencia.

Las leyes penales vigentes parece que no infunden temor sobre posibles delincuentes o nosotros mismos que como dominicanos aparentemente nos estamos destruyendo poco a poco.

El irrespeto a la Policía por parte de cualquier motorista o conductor de un vehículo público cuando se les trata de aplicar la ley de tránsito es pan comido día a día.

Los crímenes y delitos contra nuestros conciudadanos se producen cada día más atroces.

Ni la justicia, pero mucho menos los estamentos correspondientes parecen estar en capacidad de al menos limitar el comportamiento de una gran cantidad de personas que pierden la razón y se van al crímen como algo común en nuestro diario vivir.

Nuestros líderes políticos no tienen ese tema en agenda.

Las promesas de campaña se van para otro lado no para el bien común cuando de comportamiento humano se trata.

El Código Penal languidece en su actualización sólo por un tema religioso, en fin en esta sociedad parece ir de mal en peor.

Crímen tras crímen, delito tras delito superan la capacidad de acción de muchos dominicanos que actúan en perjuicio de otros como si la vida humana no tuviera ningún valor.

Aparentemente la culpa no es de nadie, pero es de todos.

Si no funcionan los estamentos jurisdiccionales contra el delito, si no se refuerza la educación ciudadana para el respeto a las leyes que se traduce hacia los demás, estamos yendo cada día por un mal camino.

Cada institución tiene sus propios problemas, incluyendo  las iglesias que deben ser fuente de orientación familiar en cuanto a lo espiritual, pero si la violencia que arropa al país no se supera estaremos yendo casi hacia la barbarie.

No basta el castigo penal, total las cárceles son más perversas que la libertad, necesitamos otro tipo de orientación por parte del Estado y sus instituciones.

Si esto no se logra entonces el presupuesto asignado a muchas instituciones que están para promover el bien común y la convivencia estaríamos perdidos, yendo como nación hacia una degeneración casi segura.

Artículo escrito por Marino Ramírez

Marino Ramírez es periodista, participa como comentarista político en varios programas de televisión.

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