04/08/2021
Cine

‘Spectre’: convencional y repetitiva




Lo peor que puede sucederle a un capítulo de una saga cualquiera, es tener a un protagonista que deteste el personaje que está representando, o para ponerlo en términos menos drásticos, que se sienta ‘aburrido y cansado’, y prefiera abandonar él mismo.

Esa es la situación en la que al parecer se encuentra el actor inglés Daniel Craig, y según los rumores ésta muy bien pudo haber sido su última aparición encarnando al mítico agente 007.

Si esto es cierto o no carece de relevancia, pero lo que si tiene importancia es el hecho de que esa es la sensación que transmite Craig, componiendo esta vez un Bond desprovisto de encanto, de humor y de la energía y entusiasmo presente en sus anteriores incursiones en la serie, en especial “Skyfall”, tal vez el mejor film en toda la saga.

Como es usual en las películas Bonds, Spectre comienza de forma competente con una secuencia inicial en México en pleno apogeo de la celebración del Día de los Muertos, en la que el director Sam Mendes hace galas de unos impresionantes efectos visuales, por cierto, más creíbles y realistas que los absurdos y fantasiosos de otros capítulos.

A partir de allí, sin embargo, lo que sigue es una rutinaria y plana película de acción que recurre a los mismos trucos de antaño (a pesar de que los artilugios proporcionados por M esta vez son escasos): atractivas mujeres, exóticas locaciones y frenéticas y estrambóticas persecuciones, ya sea por tierra, en el agua o en el aire.

El problema con todo esto es que a pesar del espléndido diseño de producción y de la espectacular fotografía, el director Mendes no puede evitar que el film se sienta derivativo y repetitivo. Ni siquiera el constante cambio de locación –de México a Roma, de Austria a Marruecos y de allí a Londres –, consigue elevar la película del lugar común.

Monica Bellucci, izquierda, y Daniel Craig  en una escena de "Spectre". | Jonathan Olley/Metro-Goldwyn-Mayer Pictures/Columbia Pictures/EON Productions.

Monica Bellucci, izquierda, y Daniel Craig en una escena de «Spectre». | Jonathan Olley/Metro-Goldwyn-Mayer Pictures/Columbia Pictures/EON Productions.

Más grave aún es el hecho de que aquí, por primera vez en mucho tiempo, el villano que encarna Christoph Waltz, dentro de la misma tesitura que exhibió en su reconocido rol de Inglourious Basterds eso sí; genera mayor interés, al menos en sus primeras apariciones, que la que inspira el desganado Daniel Craig.

Tal vez Spectre no fue el proyecto adecuado para cerrar la participación de Craig como el agente 007 –si esto acaso llega a suceder– puesto que en cierta forma la trama de este film representa una especie de relanzamiento de la galería de villanos a los que debe enfrentarse Bond.

La expresión ‘Spectre’ se refiere sencillamente al nombre de la organización criminal bajo la que estos villanos operan, y cuyo propósito por supuesto, no es otro que sembrar el caos y la destrucción en el mundo. Y si este film resulta ser la despedida de Craig, como se especula, ¿qué sentido tiene entonces haberla reintroducido en tal circunstancia?

En fin, la película tiene sus momentos indiscutiblemente, como la bien coreografiada pelea en el tren o la persecución en las calles de Roma. Sin embargo, tiene mucho más peso lo que uno echa en falta en la producción que sus bondades.

La actriz Judi Dench fue sacada del reparto, y en su lugar un insípido Ralph Fiennes hace una entrada dudosa; Ben Whishaw es Q, el genio en computadoras y artefactos, pero su rol es un confuso desperdicio, y por último, la chica Bond Lea Seydoux no pasa de ser simplemente eso: un adorno eternamente en peligro cuya ‘química’ con Craig es fatal. Tampoco hay esta vez una canción que sirva de anzuelo para atraer a la audiencia.

Si algo bueno debe decirse de este ‘nuevo’ capítulo de la saga Bond –es en realidad el más convencional de los últimos 10 años– es la cuidada y sutil manera como el actor dice adiós al personaje, al menos eso es lo que se infiere en el encuentro más decisivo con el villano Waltz, aunque luego el director Mendes parece despertar y en una secuencia completamente gratuita, replantearse de nuevo el asunto.

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