21/09/2020
Opinión

Perdonar para sanar

“Si dejamos que el dolor resuene en nosotros, sobrepasará nuestras vidas. En cambio, Dios nos ofrece restauración. Es a través de nuestra rendición y por su poder sanador que Dios puede volver a unirnos mejor que nunca.”

“Con demasiada frecuencia, creemos mentiras sobre nosotros mismos como resultado de las cosas hirientes que nos dijeron y nos hicieron. Pero cuando entregamos las mentiras que vienen con las heridas, Dios las reemplaza con la verdad. Él cambia nuestra identidad en función de lo que dice El dice sobre nosotros y no en función de cómo fuimos tratados.”

“La restauración es donde comenzamos a caminar en la verdad de que no somos lo que nos sucedió o lo que se dijo de nosotros, somos hijos de Dios. Aunque otros pueden rechazarnos, Él nunca lo hará. No somos víctimas.”

“¡Somos victoriosos en Cristo! Es un cambio de mentalidad y enfoque reconocer que somos vencidos por la sangre de Jesús. La restauración es lo que hace: repara, cura y da vida. Cuando confiamos en Él con nuestro dolor y confiamos en Él con nuestro futuro, Él es fiel para devolver los corazones endurecidos a la vida. “

“Me hace pensar en una casa. Cuando la edad y el clima lo han desgastado con el tiempo, las casas deben ser reparadas por alguien con experiencia. Para restaurar una casa, los constructores no solo pintan las paredes e instalan alfombras nuevas. Construyen una nueva base y refuerzan la estructura para que pueda resistir el desgaste futuro. Al igual que una casa, necesitamos reparar nuestra base antes de realizar cualquier embellecimiento externo.”

“La verdadera restauración significa tomarse el tiempo para pasar por una sanación profunda con Dios, para que no solo podamos perdonar a los demás, sino también ser vulnerables con ellos nuevamente. Restauración significa amar a los que nos hieren por obediencia a Cristo, y porque queremos ser más como Él. Con una casa bien construida, pueden venir vientos fuertes y no serán derribados.”

“En nuestras vidas, la presencia de Dios es suficiente para renovar nuestras mentes, guiarnos hacia la paz que sobrepasa todo entendimiento y ayudarnos a amar bien a los demás, a pesar de la tormenta que nos rodea. A medida que continúe con el proceso de curación, declare su fe en el poder de restauración de Dios y pídale que restaure las piezas rotas de su vida. Pídele que revele su verdad sobre quién eres y deja que eso, no tu dolor, reine sobre ti. Finalmente, pídale a Dios que ablande su corazón para que pueda amar completamente a las personas que lo rodean.”

Este devocional me llevó a reflexionar sobre como la situación actual del mundo se basa en la falta del perdón, seguimos llenos de ira y resentimiento por situaciones que pasaron hace cientos de años, yo misma me encuentro en un momento donde aún estoy aprendiendo a perdonar y gracias a Dios he aprendido que hoy tengo el chance de comenzar de nuevo y perdonar a esa persona que tal vez en algún momento de mi vida me falló o me lastimó.

Por qué enfocarnos en cómo nos trataron en algún momento de nuestras vidas cuando tenemos a un Dios que nos ama y nos perdona día tras día sin nosotros merecerlo. Pensar en cómo nuestro creador nos percibe nos llena mucho más sin embargo agarrarnos del resentimiento que aún tenemos en el fondo del corazón solamente traerá más dolor.

Dios te ama aunque conoce todas tus faltas. Su amor no tiene límites. Él está listo para perdonarte y restaurarte. Solo tienes que aceptar su petición de amistad. Él es más que suficiente para llenar cada esquina de tu corazón con alegría y reemplazar ese resentimiento que llevas dentro con amor puro, aprender a perdonar y a sanar es necesario para poder ser felices.

Oro para que Dios te guíe, te muestre la verdad, te enseñe a perdonar, te ayude a sanar, también oro para que revele su verdad sobre quién eres y ablande tu corazón para que puedas amar completamente a las personas que te rodean.

‘Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.’ Efesios 4:32

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