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Histórico concierto en Palacio de los Deportes consagra a Los Rosario en 40 aniversario

La Dinastía se remonta al 1978. En sus inicios, Pepe fue rey soberano. Con su inesperada muerte, Rafa y Toño asumen el liderazgo de Los Rosario, hasta que el segundo, a principios de los 90, parte a Puerto Rico a formar tienda aparte. La noche del sábado era la cita con la historia, esa que celebra un 40 aniversario envidiable entre los merengueros.

El merengue volvió a reunir a Toño y a Rafa bajo el concepto La Dinastía, con la producción general de César Suárez Jr. y dirección artística de Alberto Zayas, en un Palacio de los Deportes donde no cabía un alma más. A las 9:45 de la noche, bajó el gigantesco telón que cubría el imponente escenario y a punta de gúira y tambora, Rafa, Toño, Luis y Tony descendían con estilo desde las alturas, sentados en cuatro sillones al mejor estilo de los Cuatro Fantásticos.

«La loca», uno de sus primeros hits musicales, dio apertura al concierto, bajo una ovación incesante que sembró el entusiasmo. El primer segmento apeló a esos merengues de los 80: «Borrón y cuenta nueva», «Tonto amor», «La luna coqueta» y «Pecadora». Todo ello combinado con un diseño artístico apoyado en pantallas y luces que adornaban cada número, con un exquisito trabajo a dos manos por Juan Tejera y Amir Rezvani.

Johnny Ventura disfruta su participación en el concierto La Dinastía: Los Rosario. | Fotos: Oliver Leroe.

«Pecadora» nos recordó la fascinación de Pedro Almodóvar con la música de Los Rosario y el público correspondió con el embrigante merengue que dio paso a «La parranda», momento en que salió Vladir Dotel e Ilegales para dar paso al primer invitado de la noche. Y el Palacio volvió a vibrar, como también sucedió cuando Vlady complació tanto a los artistas como a los asistentes con un segundo tema: «Chucuchá» cerró con broche de oro ese número.

Los Rosario siguieron con arrebato y entusiasmo. «Caramba ya viene el lunes» antecedió a una nueva versión instrumental de «Guayando», preparando el escenario para el turno de Toño Rosario en solitario. Y Toño hizo lo suyo. Mantuvo el concierto en alta, con un medley de sus clásicos más populares –tan solo algunos, naturalmen– y cerró con su hit más reciente, «Dale vieja dale«, «Alegría» y «La Copa».

El cuarteto volvía a reunirse, concluido el segmento de Toño, interpretando «La morena» y recibiendo al segundo invitado de la jornada: el sonero boricua Víctor Manuelle, y los aplsusos fueron ensordecedores. Como Vladimir Dotel, Los Rosario le pidieron que interpretara una de sus canciones, y cantó «Yo no quería engañarte». Todo un lujo.

Víctor Manuelle tuvo una participación exquisita en el concierto.

El concierto se mantuvo alta todo el tiempo, y así siguió con el medley de Los Rosario, sin Toño, y más adelante viendo a Rafa cómo le permitía a su hijo Rafely cantar «La camisa negra», que antecedió a «La cleptómana» y un popurrí de las nuevas canciones de la orquesta.

Al filo de las doce de la noche –con dos horas de concierto– salía el tercer y penúltimo invitado de la noche: Johnny Ventura, que tuvo a su cargo «Me tiene amarrao» y dejó al público encendío cuando ya se escuchaban las notas de «Adolescente».

El momento romántico correspondió una vez más a «Te seguiré queriendo», la balada emblemática de la agrupación. Ahí, Toño y Rafa hicieron lo suyo, pero el clímax correspondió al cuarto y último invitado, el bachatú Anthony Santos, que también recibió una intensa ovación.

«El palo» y «Cumandé» mantuvieron en escena a Anthony Santos, y en este punto, ya no se podía pedir más. Con «El lápiz», Los Rosario no solo cerraron con broche de oro una noche memorable, sino que también escribieron un capítulo difícil de reescribir en la historia del merengue contemporáneo. La Dinastía es otra cosa.

Artículo escrito por Máximo Jiménez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte), coordinador de la tertulia "Música entre libros" de la Biblioteca Juan Bosch (Funglode).

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