27/10/2021
Espectaculos

Crítica musical: «Love Dance Merengue» de Manny Cruz

Quien abraza el merengue ante el impecable predominio de la música urbana, dígase la era dorada del reggaetón, el trap, el dembow y otros estilos comercialmente apabullantes gracias a la popularidad de esos exponentes que prosperaron en el gusto de la juventud a principios de los 2000, sabe que debe trabajar con paciencia de monje tibetano, despojado de esa ambición por alcanzar el éxito por la vía rápida.

Despojado de los prejuicios que supone para un nuevo abanderado del merengue –a quienes los medios suelen etiquetarlo como el prometedor relevo de turno–, Manny Cruz salió al ruedo nadando contra la corriente, pero con actitud y decido a comerse el pedazo del codiciado pastel que siempre se le reserva a los de su estirpe: un cantante con talento, carisma y ojo clínico para separar el grano de la paja.

Love Dance Merengue es su tercer álbum en solitario, carrera discográfica que inició en el 2018 con su galardonado Sobrenatural, producción con el que ganó como Compositor y/o autor de letras, Álbum del año y Cantante solista en los Premios Soberano del 2019. Para quienes no lo saben, tres categorías importantísimas del Renglón Popular que cada año reconoce la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte).

El nuevo CD de Manny guarda similitud con sus primeros discos, que por lo general destilan un sonido en armonía con la música romántica, merengue bailable en los que sus líricas apelan al buen gusto. Todo ello a que el artista vuelve a trabajar con los principales músicos que también participaron en la grabación de Sobrenatural Bailando contigo (2020), como es el caso del talentosísimo productor Antonio González, también ganador del Premio Soberano.

En tres años, el hermano de Daniel Santacruz –colaborador habitual de sus discos– acaparó la atención de los medios, consiguió la bendición del público y se ganó el respeto de la industria. Por eso sorprendió a muchos con la colaboración de Anthony Santos en la bachata Las puertas del cielo, una de las canciones a la que apostó el artista, como lo hubiera hecho cualquier otro debido a las pocas veces que el bachatero acepta estas invitaciones.

El disco entrelaza otras colaboraciones que le funcionan muy bien a Manny: otra con Daniel, Dame una noche; con Johnny Ventura, en Qué rico es el merengue; con Miriam Cruz, en Yo quisiera ser y con Danny Yanes, también compositor de El idiota. Además de la bachata que grabó con Anthony Santos, el artista sigue pisando por territorio firme con la pegada que alcanzaron Estoy completo, el tema que abre el disco y Santo Domingo, que fue un himno cuando la pandemia del coronavirus desató sus demonios en el mundo.

El resultado de esta tercera producción es un repertorio con sentimiento (Love), temas para festejar (Dance) la impronta de un artista comprometido con el género (Merengue), que se respeta a sí mismo y marca distancia de los cliché que impone el mercado. A Manny Cruz solo le falta tiempo para demostrar que no vino a relevar a nadie, sino a sumarse a quienes están comprometidos con la música dura que perdura.

Artículo escrito por Máximo Jiménez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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