23/10/2021
Espectaculos

Crítica musical al LP «El Guataco» (1970), de Johnny Ventura

En su búsqueda constante por actualizar su sonido, Johnny Ventura profundizaba no solo en la reinvención de los ritmos establecidos, sino que creaba nuevos registros muy difíciles de encasillar en el campo musical. En el comentario del disco Más éxitos (Kubaney SMT-389 de 1970) reseñamos uno de esos destellos creativos, el Biombo, que tomó un nuevo impulso en El guataco, «el otro biombo», como dice en el coro Luisito Martí.

El guataco se manifiesta en ese ritmo biombo que en esta canción validó el experimento artístico del legendario merenguero. Este l.p. conserva el mismo espíritu de multiplicidad rítmica latente en toda su discografía hasta esta producción. El guaguancó, el bolero y el merengue se reparten en cuotas equilibradas su cancionero, el cual conserva actualidad más de medio siglo después.

El viaje interpretativo que hizo Johnny en este caso comprende un periplo de mayor longitud. De diez temas, es el que más canta, compartiendo esa responsabilidad con Luisito Martí (El Llorón) y con menor protagonismo –se le escucha en una sola canción– el recién llegado Fausto Rey. Difícil olvidar el pegajoso tema que da título al l.p., composición de Virginia Soriano Ventura, sobre todo las versiones en directo que se pueden revisitar en las plataformas digitales, con el espectáculo musical y humorístico propio del Combo Show.

Luisito Martí asume los otros dos temas que van de la mano de El guataco: uno es La pájara pinta que escribió Pablito Cruz a partir de una idea folklórica; y la otra, Papá y mamá, indiscutiblemente una propuesta que encaja a la medida en la impronta con referencias afroantillana en el universo sonoro de El Caballo.

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Johnny se resiste a cerrar ciclo con el bolero, y es algo que se debe apreciar, porque es un ritmo que abordó con todas las de la ley, cuyos méritos aún se están por reconocer en su justa medida. El primero es Convergencia, el clásico que compuso el cubano Bienvenido Julián Gutiérrez, con otra versión inmortaliza por Pete –El Conde– Rodríguez de una relevancia aún mayor. Y el segundo corresponde a Poquita fe, de ese Bobby Capó que Johnny tanto admiró.

Willie García mueve los músculos que configuran el cuerpo esculpido por el guaguancó, con su composición Yo soy la alegría, con una ejecución notable del insuperable Pruddy Ferdinand en la trompeta. «Es el Pruddy, caballero», dice el artista con entusiasmo para arengar ese sonido vibrante. Fausto Rey vierte su dosis interpretativa –en este tiempo aún por alcanzar registros que lo colocarán entre los mejores cantantes– en Todos bailan guaguancó.

Necesaria e imprescindible la cuota merenguera, todos interpretados por el líder del Combo Show. El artista apela a una de las composiciones más conocidas de Félix López (1917-1969), con una nueva versión de Fiesta en La Joya, que antes había grabado Luis Quintero y su Conjunto Alma Cibaeña en el 1957. Menos candente es El beso, segunda canción en este mismo estilo; y Mundito Espinal contribuye a la causa con El negro del figureo.

Artículo escrito por Maximo Jimenez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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