Opinión

Escuela familia y comunidad (III)

La construcción del tejido social, cual lo hiciera el constructor de un buen edificio, busca dotar a su obra de una base solida, capaz de soportar, en el caso de la edificación las inclemencias del tiempo y para el caso del tejido social, las dificultades propias de nuestro relacionamiento en el día a día. Como es natural si vamos a construir un edificio y para ello hacer base, es mucho más fácil arañar la tierra de manera leve y sobre esos arañazos, construir, antes que cavar a profundidad hasta encontrar bases solidas, que soporten adecuadamente la obra construida.

En el primer caso será fácil y barato, en segundo difícil y caro; pero cuando llega el momento de las pruebas, nos damos cuentas, de que lo que en principio nos fue cómodo y barato, por el poco esfuerzo requerido, nos coloca en riesgo de muerte y hasta nos empobrece, es decir, al final, el poco esfuerzo nos sale muy caro. En el segundo caso lo que nos fue difícil y caro; nos da seguridad y conserva nuestros capitales.

La construcción del tejido social, no es diferente; excusas por la visión funcionalista, necesaria para la comprensión de la delicada situación que hoy nos envuelve. Si estamos construyendo el tejido social, en el que se sustentará, en los años por venir, la sociedad dominicana y siendo la población de jóvenes, niños y las estructuras existentes al momento, las materias primas para tal construcción; lo natural es que todos nuestros esfuerzos estén encaminados a la plena y conveniente vinculación de estos elementos, con la intención de lograr el fin, que es tener una sociedad cada vez más sana y participativa.

La familia, escuela y comunidad; ciertamente esperan de niños y jóvenes el mejor relevo, sin embargo, en todas estas estructuras se trata a estos miembros de la sociedad, como un huésped, no como dueño de la estructura, en sí. En su calidad de huésped, debe ser servido y participa solo en los beneficios de su estadía; nunca de las responsabilidades. Tener a niños y jóvenes, en esa calidad, es la forma barata y cómoda de construir el tejido social, es criar a un aristócrata que luego delinquirá, para no vivir como siervo. La forma cara es hacerlos participes de los problemas contenidos por la relación, problemas que hay que encarar, para que esta funcione; que si bien son servidos como príncipes, entiendan el valor, la satisfacción y la obligación de servir.

La familia elimina la condición de huésped, del niño o joven, cuando los hace partícipe de todo lo que es necesario hacer para que la casa funcione de manera adecuada; la higiene, servicio de agua, energía eléctrica, gas, citas medicas, reuniones familiares, compromisos con las escuelas, las iglesias, las juntas de vecinos. No importa la edad, hasta llevar una agenda los hace sentirse participe y compromisarios de la funcionabilidad del espacio. En ese rol del niño, descubrimos a un compañero y él, se descubre así, como tal, pasando de huésped de la estructura, a parte funcional de esta.

La comunidad, a través de su mecanismo de relación, que es la junta de vecinos, está pendiente del rumbo que lleva el desarrollo de su miembro infantil o joven; estudia, Hace deporte, se interesa por los problemas visibles de la comunidad, es respetuoso de los mayores y de sus congéneres, es bien valorado por sus padres y profesores, no tiene conflictos con las autoridades establecidas, su presencia en las calles está justificada en una razón aceptable, su lenguaje no ofende a la moral, cuida de su presentación personal, se empeña en provocar una buena impresión, es respetuoso del bien ajeno. La comunidad con un balance de estos indicadores, puede determinar, que tipo de individuo se forma bajo su regazo; un hombre de bien o un delincuente.

La escuela debe mantener la búsqueda permanente del reflejo de ese conjunto conductual, en el apoyarse, para reforzar y encauzar la lucha, hacia destinos cada vez más productivos; en la persecución incesante de ese perfil del individuo que la sociedad espera recibir. Al final, veremos que la intención de la educación, en principio no es formar científicos, sino ciudadanos con valores; si por demás son científicos amen, pero no es soportable, para esta sociedad, un científico sin valores.

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