Opinión

La lucha contra la delincuencia es atacar el nido

Los planes de combate y prevención de la delincuencia y la violencia puestos en práctica, hasta el momento, en la República Dominicana, van dirigidos a solucionar las consecuencias, sin que las causas del mal se vean atacadas, con la determinación debida. Esto trae como consecuencia que los esfuerzos, se constituyan en un círculo vicioso que tiene como única posibilidad de ruptura, el ataque de manera simultánea, en tres frentes fundamentales: las calles, las familias y escuelas y la atención especial en las cárceles.

Estamos ante el estreno de una nueva versión de los operativos, con fines de reducir la ola delictiva del momento, seguros de que tendrá efectos positivos, pero efímeros.

En un artículo, publicado por nosotros, en fecha 21 de septiembre del 2016, en este medio, titulado: “El círculo vicioso de la delincuencia y la violencia en la República Dominicana”, afirmamos:

“El problema radica, en que no encaramos la delincuencia y la violencia, de manera proactiva y general. No existe un plan de prevención al delito, que no sea mostrar muchos guardias, policías, confiar en las cámaras y perseguir motociclistas.

Nada de eso incide de manera determinante en la decisión de delinquir, tomada por el individuo.

La familia es la génesis del problema y también de la solución. Quiera o no, la pertenencia del individuo a la sociedad, en que vivimos se patentiza a través de esta institución”.

Es ella quien produce a los delincuentes a los que les persiguen, a los que les juzgan y a los que vigilan su reclusión.

Con preocupación hemos de ver, según lo expuesto por el director de la Policía y el ministro de las Fuerzas Armadas, que estamos preparados para combatir la delincuencia común.

Pero no hay ningún indicio de que estemos preparados para prevenir la delincuencia en sus raíces. Para que sea así, tendríamos que ver, con la misma intensidad, con que se presenta a las fuerzas armadas y la Policía Nacional, también presentar a un grupo de trabajadores sociales, que aseguren la cooperación de las familias, las escuelas, las organizaciones comunitarias y las cárceles, en la ejecución del plan.

Esto sería atacar el nido del monstruo, cortando las alas a los polluelos, antes de que salgan a volar; para evitar así, que mañana tengamos que presenciar una nueva edición de los operativos militares y policiales.

Nos queda a todos bien claro que aun eliminando de las calles a los rateros, lo que ganamos es una tregua, porque de ese antisocial que encarcelamos, con el sistema carcelario de que disponemos, aun en la mejor de sus versiones; nos devolverán a un delincuente más endurecido, en su acción criminal.

En el trabajo, anteriormente citado, opinamos: En la práctica podemos afirmar, que en la lucha contra la delincuencia, específicamente la referida a los jóvenes; la policía, el sistema judicial y penitenciario, reciben una larva, que molesta a la sociedad. Al final nos devuelven un monstruo resentido y con postgrado, en delincuencia, que amenaza con hacerla sucumbir.

Una persona en reclusión, permanece al menos 18 horas, reflexionando, solo o mal acompañado, sobre las razones que le llevaron allí. En este escenario ¿quién ayuda a que se emplee ese tiempo para que el prisionero reconozca su error y reniegue, de manera sincera, de este”.

Para obtener el individuo a que aspiramos, de aquellos encarcelados, habremos de recurrir a un auténtico programa de reeducación, que garantice, para el individuo, al menos, dos horas semanales de tutoría regenerativa, basadas en el caso que le llevo allí.

De no ser así, estaríamos aportando a la sociedad, en el mejor de los casos, un delincuente, que además es técnico. Con una visión más amplia del mundo, pero inclinado al mal.

Una realidad, que acompaña a este proceso y que empuja, a esos individuos, a la reincidencia en el delito, es el hecho de que, al salir de la cárcel se encuentran con la desagradable noticia de que, los posibles empleadores le rechazan, por sus antecedentes penales. Sobre esa situación emitimos una opinión, en un artículo titulado: “Libertad, de regreso a casa”. Publicado el 6 de octubre 2016, ibid.

“No hay trabajo para personas con antecedentes penales o fichados, negativamente. Aflora de inmediato la primera tentación al delito; Truquear un documento oficial”.

Si logra tener éxito, con la falsificación o el soborno, para conseguir trabajo, se fortalece su espíritu delincuencial. Si no lo logra, hay delincuentes esperando, para integrarlo a sus labores normales de robos y asesinatos.

En el citado artículo, que trata el regreso a casa, presentamos la siguiente situación:

“Las puertas de la sociedad y del buen vivir están cerradas. ¿Qué pasará con esas personas, al salir de las cárceles?

Nosotros como sociedad estamos obligados a ser generadores de oportunidades, de desarrollo personal y de confianza, que permitan, al que ha cumplido condena, reinsertarse y vivir, dejando atrás su pasado.”

Es impostergable la necesidad, de integrar el trabajo social; a las familias, las escuelas, las organizaciones comunitarias y su dimensionamiento, en las cárceles.

De esta manera estaríamos atacando los tres frentes fundamentales, de la delincuencia y la violencia: Los que ya debutaron y están en las calles, los que están en las casas y las escuelas, esperando para debutar y los que se encuentran en reclusión.