01/12/2021
Opinión

¿Todavía es percepción?




La voz ahogada en llantos, casi ininteligible y represada por el espanto al otro lado del teléfono, me sorprendió mientras conducía por la avenida John F. Kennedy. En principio sólo entendí la expresión “tío, ven” que, más que una pronunciación, parecía un torrente de miedo verbalizado.

Era mi sobrina Lía. Acababa de ser lanzada al pavimento y arrastrada por dos desalmados que zarandearon su fragilidad y su indefensión para arrebatarle la cartera en una calle concurrida, con gente que esperaba transporte, que lo ofrecía o que realizaba ventas callejeras.

Todos los testigos del atropello se limitaron a ser espectadores y nadie se aproximó para ayudar a levantarla, ni siquiera después de la huida de los malnacidos delincuentes con su botín en las manos sobre una moto anónima, veloz y estruendosa.

Tres semanas antes, mientras caminaba por la calle Francisco Díaz Ordoñez, en el ensanche Julieta, un transeúnte se le aproximó mostrando una pistola. La retuvo pisándole un pie con presión y la hizo abrir su cartera. Al percaterse que nada había para robar la dejó  a marcharse a condición de que lo hiciera en silencio.

Cuando llegué a socorrerla, la encontré en medio un ataque de nervios y custodiada por una señora del vecindario que la había acogido en su casa, donde le dio a tomar agua y la consoló. La doña es una maestra, de esa gente buena que aun nos quedan.

No quiero repetir los denuestos e imprecaciones lanzados por Lía contra el país mientras seguía llorando en mi vehículo en el trayecto hasta la Policía. Mi instinto rectoral y corrector se apagó. No tuve voluntad para responderle. Sólo la escuché y la entendí.

Víctima de dos atracos en menos de un mes, se preguntaba impotente: ¿Cómo es que uno tendrá que vivir aquí? En el Palacio de la Policía, en la sección de atención al ciudadano, el oficial de turno terminó de desplomar la pizca de ánimo que podía quedarle: “Agradece a Dios que estás viva”, dijo con evidente impotencia.

Mientras escribía estas líneas me enteré que había muerto Jeffry Jorge Ditrén Rodríguez, de 26 años, baleado en la cabeza en abril durante un atraco en la calle. Me pregunto si esto seguirá siendo percepción para quienes con nuestros impuestos están bien provistos de seguridad, escoltas, carros blindados, casas amuralladas, con nulas posibilidades de sufrir las tragedias aquí citadas.

Artículo escrito por Víctor Bautista

Máster en Dirección de Comunicación OBS/Universidad de Barcelona. Proyect manager del plan de comunicación de crisis de la Asociación de Bancos de la RD a raíz de la caída de tres bancos en 2003. Director de comunicación de la ABA. Editor económico, jefe de redacción, director de medios impresos, de TV e internet. Diplomado en economía por Empírica y Universidad Católica Santo Domingo. Productor del segmento Contante & Sonante (economía y finanzas) en el programa Cuentas Claras.

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