16/09/2019
Nacionales

Policía Nacional y comunidades; cerrando el paso a conflictos sociales en RD

Descubiertos y apreciados universalmente, los beneficios de una comunicación efectiva, queda de parte de la Policía Nacional localizar en las comunidades a los interlocutores, válidos para iniciar el diálogo que nos llevará a diseñar modelos de negociación que permitan el crecimiento del tan necesario afecto entre policías y comunidades.

Ese acercamiento se constituye en una muralla que pone frenos a la ocurrencia de conflictos sociales en que tenga que participar la Policía en su rol represivo. Deja, además, abiertas las puertas de una cooperación bidireccional, que augura orden y progreso para las comunidades del país.

Ese interlocutor válido lo encontramos en las juntas de vecinos. Estas son importantes mecanismos de organización comunitaria que en República Dominicana inician sus fructíferas acciones, en el período gubernamental de Antonio Guzmán Fernández (1978-82). Las primeras directivas en juramentarse lo hicieron en el ayuntamiento del Distrito Nacional cuya administración ostentaba Pedro Franco Badía.

Cabe a estas el mérito de ser las únicas organizaciones sociales que mantienen intactos, su credibilidad y operatividad en las comunidades, aún pasado el tiempo.

Las juntas de vecinos, por la particularidad de los intereses, que están supuestas a defender, han sobrevivido, al descalabro y descrédito en que han caído las organizaciones políticas. Su fortaleza, radica en la representatividad y dinamismo de su estructura directiva.

Estas razones le colocan en la honrosa posición, de referente obligado, para cualquier tipo de intervención, en la comunidad.

De lo que la Policía Nacional debe estar segura es de verificar hasta qué punto ha llegado el proceso de fortalecimiento estructural, de las juntas de vecinos con las que se haga contacto. Lo deseable es que dichas organizaciones hayan logrado la socialización, de sus estructuras directivas, a lo interno de la comunidad; de tal manera, que todos los sectores sociales, se vean representados en ellas.

Ese proceso de socialización debe haber permitido la captación del compromiso de apoyo de los recursos humanos especializados, residentes en la comunidad, aún y cuando estos no pertenezcan a la estructura directiva. Con estos la formación de comisiones, de apoyo técnico a las juntas de vecinos. De ese modo podemos presentar, en cada caso, que requiera una mesa de negociación, a un especialista o su aproximación, para el tema en discusión.

En la ejecución de un buen marco de relaciones entre personas u organismos es esencial que los participantes, tengan conocimiento absoluto o aproximado, de cada una de las situaciones, que justifican la relación, de no ser así, el avance en una mesa de discusión, es limitado e inseguro.

En ese escenario, podemos obtener acuerdos firmados de buena fe pero con desconocimiento pleno, de los aspectos técnicos, por una parte, de los firmantes. Pasado el tiempo, la frustración y desvelo de lo que parecería un engaño, atizan las llamas de las protestas y alejan las posibilidades de nuevos acuerdos.

Se puede afirmar que es imposible obtener buenos resultados, en una mesa de negociación, si las comunidades están representadas, por personas que desconocen los detalles, técnicos, del tema en discusión.

No es suficiente, con conocer el problema que padece la comunidad; no es suficiente con que el representante, tenga las agallas, para defender a la comunidad, en las discusiones o en las calles, si es preciso. Es necesario que el representante, pueda debatir en el lenguaje técnico, con que se presente el organismo de servicios público, de que se trate.

Igual desempeño ha de esperarse, del representante de la policía, que participe como testigo de los acuerdos. Sabiendo que si no hay una solución pacífica; queda comprometida a: reprimir a la comunidad, a ser ella amonestada; si no reprime; o debe ella procurar amonestación para el funcionario que faltó al compromiso. De ahí lo delicado del trabajo policial.

Esa preparación, por parte de los actores involucrados, asegura evitar que los técnicos especializados, que participan en la negociación, en representación de las instituciones de servicios; les vendan quimeras, a los comunitarios, para salir del paso o coloquen las soluciones en el máximo de las dificultades, con el fin de justificarse y no dar solución al problema.

De igual manera, el conocimiento del tema, por parte del represente de la comunidad, evita que se desborden las expectativas comunitarias, haciendo que estas se mantengan, siempre dentro de lo alcanzable, para las instituciones de servicios.

Con esos hilos bajo su control, la policía nacional, saca el tema de las necesidades de las comunidades, de las calles y lo lleva a una mesa de discusión, eliminando de plano toda posibilidad de confrontaciones.

En todo este proceso, deben estar presentes las iglesias, tanto católica como protestante, que son parte, obligadas, de las juntas de vecinos; en su acertada visión, de involucramiento en todos los aspectos de la vida social de las comunidades. Sabiendo que la suma de la feligresía de ambas, constituyen la totalidad de la comunidad espiritual, a la cual le deben procurar paz.

Este proceso ha de desembocar, en un mejoramiento sustancial de las relaciones entre policía y comunidades y por ende, a cerrar el paso a las confrontaciones sociales, que rompen la tan necesaria paz, que debe cobijar a nuestro incipiente desarrollo.

Allanado el camino, entre policía y comunidades, el combate a la delincuencia jamás será del trato exclusivo de la institución policial, sino de la sociedad en su conjunto.

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