07/12/2021
Espectaculos

Ni la nueva ni la vieja escuela, el grupo Ilegales es otra cosa

La idea al principio era un concierto en el Hard Rock Live, un venue con capacidad entre 650 o 700 personas desafiante que puede dejar –literalmente– sin aire a cualquier promotor artístico. La atracción: Ilegales que timonea el talentoso Vladimir Dotel, quien con el tiempo supo marcar distancia y, como se separa la paja del grano, adquirió personalidad creativa, forjando una carrera y un legado admirable cimentado en los valores que le enseñó doña Rosario, su madre y primera manejadora del grupo.

«The Hits Live Tour 2021» anunció el 20 de octubre como primera fecha. Días después, con las localidades agotadas, se abre una segunda función y luego una tercera. En esa última, el viernes 22, a las 10:10 de la noche, con Antonio González dirigiendo la banda –ya instalada en el escenario– salen los tres componentes de Ilegales, con Vladimir navegando a velocidad crucero, la serenidad que solo da la experiencia y poder comenzar la velada con tres sold outs en los bolsillos.

Vladi empezó a desgranar la mazorca como solo pueden hacerlo esos artistas con repertorios que rebosan de éxitos, no esas canciones de estos tiempos, infladas con millones de views que «rompen» las redes, enredadas en líricas desechables, melodías insalvables y cantantes prescindibles.

«Si la morena pide más, pues dale lo que quiere». Eso sonó a las 10:10 de la noche y lo que vino después fue candela… candela. El ánimo se disparó, en ese escenario casi íntimo, sin parafernalia pirotécnica ni bailarinas electrizantes tratando de ridiculizar a los artistas. Luego vino el «Chucuchá», para continuar «En alta», pasando al «Taqui taqui», hasta recorrer las vibrantes propuestas un poco más actuales: «Tamo Happy», y «Ya no toy pa’ eso».

Un primer set que podría ser el último. Pero la cosa apenas empezaba. Con la «Fiesta caliente», en medio del escenario cayó el «Trueno» y la gozadera demandaba reducir de a poco la velocidad. El Chino agotó su turno con un medley reguee, «Haciéndome el loco» y a guitarra cantó una mezcla de «Recuerdo» y «Siento», que corresponden a la selectiva propuesta romántica en el cancionero de Ilegales.

Vladimir Dotel retoma lo suyo como parte de otro medley, que incluyó «Rebotando», «A que te pongo», «La pastilla» y «Enamora’o». Antes de uno de los momentos de añoranzas de los 90, cantó «La botella» y «Dame un chin». Como referencia –a modo de broma recordando las canciones dance muy populares cuando Ilegales quizás todavía no alcanzaba la fama internacional que vino después– apeló a «Everybody dance», «Tythin of the Night» y un tercer clásico en esa onda: «It’s my live».

Como si fuera poco, con la fiesta más caliente… se armó la dinámica de «El tiburón», esa canción de trascendencia casi mundial que inmortalizó a Proyecto Uno, grupo al que Vladimir Dotel profesa una admiración dentro y fuera del escenario. El concierto pasaba la frontera de la hora, cuando cantaron «Sueño contigo», un falso final que posibilitó el regreso del trío para despedirse por todo lo alto con su disfrutable «Chucuchá».

Con la producción general del exitoso empresario César Suárez Jr., Vladimir Dotel triunfó en grande en Hard Rock Café. Tres noches inolvidables, tres conciertos que revalidan la calidad de un grupo que no necesita pirotecnia y mucho menos echar mano al insufrible recurso de la vulgaridad o la controversia para vender tickets. El grupo Ilegales no es de la vieja ni de la nueva escuela, esto es otra cosa: música que perdura en el tiempo.

Artículo escrito por Maximo Jimenez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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