22/05/2022
Opinión

Menos víctimas, más emprendedoras

La palabra empoderamiento, acuñada con mayor fervor desde una perspectiva feminista en los años 80, se refiere al proceso por el cual las mujeres acceden al control de los recursos económicos, además refuerzan sus capacidades y desarrollan liderazgo en diferentes ámbitos.

Uno de los grandes obstáculos que han debido enfrentar las mujeres víctimas de feminicidios es el control económico que sus parejas ejercen sobre ellas, dado que en la mayoría de los casos no cuentan con la educación o capacitación para asumir un trabajo que les permita generar entradas para su sustento.

Es un tema que se ha debatido cada vez que escuchamos la odiosa palabra de feminicidio en los medios de comunicación, que a propósito, en estos días hemos visto agudizar, aumentado las cifras de víctimas directa e indirectamente, como el caso de Kirsy Raquel –Raquelita– Guerra Mella, que en lugar de atacarla a ella, su exesposo le quitó la vida a la madre e hirió de gravedad a su hijo mayor. Raquelita procreó tres hijos con el agresor.

Según estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), tras la pandemia del Covid 19, la violencia contra las mujeres y las niñas –especialmente la violencia doméstica– aumentó en un 30% en América Latina y el Caribe.

Ante esta triste realidad, Judith Maduro escritora, speaker y mentora de negocios, con más de 25 años de experiencia y conocimiento en el mundo empresarial también sostiene que “uno de los mecanismos para que las mujeres desarrollen su potencial y adquieran herramientas para salir de círculos de violencia es a través de su empoderamiento económico”.

Sin embargo, hay que aclarar que los datos señalan que solamente dos de cada diez emprendedoras logra el éxito en su proyecto.

El Gobierno desde el Ministerio de la Mujer ha encabezado acciones puntuales como la creación de 12 nuevas casas de acogida para víctimas de violencia de género, pero “protegerlas” no es la solución, hay que empoderarlas, en el buen sentido de la palabra, pese a que nunca me gustó el término, es oportuno usarlo en este momento.

Qué esperamos para iniciar políticas públicas que permitan crear conciencia a las nuevas generaciones de mujeres con relación a su papel en la sociedad y el rol que les toca jugar. Qué esperamos para comenzar a hablarle a las niñas que serán las mujeres del mañana de la situación y romper con ese círculo de violencia.

(Publicado originalmente en El Caribe el 25 de abril de 2022)

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