08/08/2020
Opinión

La economía de la educación y el éxito de Argentarium




¿Qué hace Alejandro Fernández para tener el éxito que otros economistas no han podido tener? ¿Cuál es su secreto? ¿Por qué cada jueves busco religiosamente sus esperados artículos en Diario Libre? ¿Será que la economía, esa ciencia pesadísima que pocos soportan y entienden, cambió?

Escribiré en primera persona. Este artículo será sobre lo que pienso sobre ese aguilucho que los liceístas empezamos a admirar.

Estas líneas, se me ocurrieron precisamente hoy: cuando el periódico traía la acostumbrada columna de Fernández, nacionalmente conocido como Argentarium, y la noticia que nos ponía al tanto sobre la aprobación de una nueva Ley de Tránsito aprobada por la Cámara de Diputados.

Olvidemos las leyes, que aquí tenemos bastantes, y quienes menos la cumplen son precisamente quienes las elaboran y las aprueban. Creo que Alejandro me entiende. Él sabe que yo no sé de economía. Entonces, escribe con palabras que hilvanan historias que un día me sucedieron. Momentos financieros difíciles, situaciones de las cuales nunca pensé que saldría.

Argentarium sabe que los bancos están llamándome constantemente («¿Cuál es la tarjeta para ti?», leánselo hoy), para ofrecerme ese plástico práctico y mágico, con intereses exorbitantes y asfixiantes. Sabe que necesito un préstamo hipotecario para comprar mi primera vivienda, otro para adquirir mi primer vehículo cero kilómetro y… como si fuera poco, también sabe que una vez al año quiero ir a Disney de vacaciones, con mi familia de cinco.

Me di cuenta, que sus historias periodísticas –que nada tienen que ver con la incomprensible economía– son un aliento no solo económico, sino también del oficio. Sabe escribir, el muchacho ese. Se dio cuenta, que en las redes sociales, en la radio y en su sección en el informativo de Telesistema, ofrece soluciones a problemas particulares y universales, y le dio con reunirlos en un folleto digital que ud. puede descargar gratis en su página web.

Porque Argentarium es diferente (no en el sentido de ud, o yo, sino del resto de los economistas que a la vez son articulistas en los diarios, en la TV o en la radio). Es activo en las redes sociales –cuando abrió su cuenta en Twitter, organizó unos «puerquitos con moro» para celebrar los 50K seguidores, luego los 100K y hoy ya tiene 250K–, donde he aprendido un poco sobre cómo llevar lo mejor posible mis finanzas personales.

Gracias a todo eso, un día se le ocurrió organizar un taller financiero, y la gente se desbordó, pagó su cuota, aprendió y hasta lo conoció en persona. Sí, porque es un econodivo, el hombre. Recuerdo cuando anunció el primero y ya perdí la cuenta. El otro día creo que andaba por Santiago. Así las cosas. Es un crítico (justo, eso sí) de los bancos, pero los bancos lo aman. Lo tienen como aliado y hasta patrocinan sus iniciativas, algunos de ellos.

Argentarium no solo me enseña, también aprende de mí. Le hago preguntas para las cuales a veces no tiene respuesta, va y estudia, viene y me explica. Aprendemos juntos. Creo que Alejandro Fernández es un economista exitoso porque basa su filosofía profesional en la educación. Eso es. Es lo que a nosotros, los dominicanos, nos falta a cántaros –para decirlo en buen cibaeño, y él también me entienda–. La suya, es la economía de la educación y viceversa.

Artículo escrito por Máximo Jiménez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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