07/08/2020
Espectaculos

Evelio Herrera le bajó la Luna a Tueska y ella lo lleva a la justicia




El espectáculo acaba de comenzar. Era una función que pocos creían realizable, porque todos apelábamos al verso bíblico de «ver para creer», pero de ingratos están pobladas las viñas del Señor. La historia se remonta a aquellos años –a mediados de los 2000– cuando Evelio Herrera, entonces mánager de su hermano Eddy, conoció a Tueska en una de esas calles perdidas de un barrio colombiano.

Cuentan que Evelio quedó prendado de la beldad colombiana, joven, aventurera, sobrecogida por el deseo de ser artista. Y quién mejor que Evelio para echarle una mano, quien en Colombia se había convertido en un hombre de influencia y, porqué no, de poder. Evelio la montó en un avión y junto con ella viajaron sus sueños.

Desde Colombia, Tueska empezó a disfrutar de las generosidades del señor Evelio. Ambos soñaban juntos. Evelio conoció a Tueska y Tueska conoció el mundo. Las Chicas del Can habían cerrado filas y por el capricho de montarle una orquesta a la colombiana, Evelio pagó un dinero grosero a Wilfrido Vargas por el uso del nombre.

Tueska era la niña de sus ojos. Eyes Wide Shut. Pero todos veían lo que Evelio se negaba a ver. El can de Las Chicas volvió al ruedo, con la artista colombiana como norte. ¿Dinero para grabar nuevas canciones? El señor Evelio. ¿Dinero para promocionar? El señor Evelio. ¿Dinero para satisfacer los caprichos de la niña linda? El señor Evelio. En fin, dinero que se necesitaba, dinero que aparecía y desaparecía como por arte de magia. Y Evelio se hizo mago.

Con Las Chicas del Can no pasó nada, como se esperaba. Entonces Tueska aspiraba a un proyecto independiente y se independizó, con la venia del señor Evelio. Viajes, cruceros, cruceros y viajes. Si así Tueska se lo pedía, Evelio cruzaba el Niágara en bicicleta.

Un día llegó la invitación –la pomposa invitación– para sus bodas. Se celebraron todas en una: de plata, de oro y de diamante. Evelio botó la casa por la ventana y las ventanas siguieron abiertas para que Tueska respirara aire fresco.

Entre ensayos, bailes, días de asueto, a la colombiana se le antoja –cual mujer embarazada que despierta en la madrugada antojada por un chimi en las cercanías del Jet Set– ir a la televisión. Hasta los predios de «Más Roberto» se le introdujo y allí vivió sus días de gloria. No solo hizo televisión, sino también cine y hasta teatro, aunque de la mano de otros productores. Evelio estaba feliz.

Pudiéramos seguir… pero esto se hace extenso. Tensemos la soga: Evelio y Tueska se separaron, se divorciaron y ella ya tiene una nueva media naranja (quizás la naranja entera). Ayer, la artista colombiana, tratando de poner su peor cara ante las cámaras de su iPhone pluscuamperfecto, dijo, abrimos cita:

«Hola a todos, para los que preguntan porqué no he continuado con el desarrollo de mi carrera, tengo para decirles que esto no ha sido por mi decisión. En el 2013 firmé un contrato artístico por 10 años con Evelio Herrera que establece unas condiciones que no han sido cumplidas por él. Han pasado casi seis años de muchas promesas de su parte, pero el contrato no ha sido cumplido y es por esta razón que he decidido poner este caso en manos de mis abogados… lo único que persigo con esta decisión es volver a cantar». Y ahí lo dejamos, para no llorar.

Hoy, Evelio Herrera se enfrenta a la justicia, probablemente por primera vez en su vida, en su carrera profesional. Crucemos los dedos y aspiremos a las divinidades de la justicia. Injustos seríamos callar ante la desconsideración de una mujer que llegó a República Dominicana cargando tan solo una maleta de sueños y lo recibió todo de un hombre obsesionado con bajarle la Luna, porque las estrellas se hacían infinitas.

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