18/11/2019
Opinión

Escuela, familia y comunidad: nexos ineludibles (X)

Aunque la historia no registra, en el rechazo de los colonos españoles, a los habitantes de la parte oeste, otros motivos que no fueran los políticos y económicos, si existía un rechazo al inusual  modo de vida, llevado a cabo por bucaneros y filibusteros, en la parte oeste de la isla de Santo Domingo.  

Así lo deja ver el arzobispo fray Nicolás de Ramos, en su carta al rey Felipe III, cuando califica a los habitantes de la referida zona de herejes, borrachos e irrespetuosos, entre otras cosas.

El rechazo al matrimonio con mujeres y su preferencia a compartir maritalmente entre hombres, impulsó los sucesivos intentos de los diferentes gobernadores españoles por desalojar a los bucaneros de la parte oeste de la isla.

Tal situación era comparable con lo ocurrido en Sodoma y Gomorra, en tiempos del Génesis.

Un pasaje bíblico relatado en génesis capítulo 19, versículos 8 y 9, cuando expresa que por insistencia de Abram, ante la virtual necesidad de destruir a Sodoma y Gomorra, debido al pecado en que vivían sus habitantes, argumentando este, que morirían también justos, residentes en Sodoma y Gomorra. Se concedió por esto la visitas de ángeles para sacar de allí a los que debían ser salvo.

Ya estando los ángeles en casa de Lot, los pervertidos, residentes de Sodoma, atacaron la casa de éste, con la intención de violar a los hombres,  que allí se encontraban. 

Tal pretensión fue enfrentada por Lot, diciéndoles. (Santa Biblia,  nueva versión internacional): 8 Tengo dos hijas que todavía son vírgenes; voy a traérselas para que hagan con ellas lo que les plazca, pero a estos hombres no les hagan nada, pues han venido a hospedarse bajo mi techo. 9 — ¡Quítate de ahí! —le contestaron, y añadieron—: Este ni siquiera es de aquí, y ahora nos quiere mandar. ¡Pues ahora te vamos a tratar peor que a ellos! Entonces se lanzaron contra Lot y se acercaron a la puerta con intenciones de derribarla.

No querían mujeres, su sed era de hombres, esa era la situación que se mantenía en la parte oeste de la isla, por aproximadamente 100 años. Una práctica que llevaban bucaneros y filibusteros en el Caribe, desde las últimas décadas del siglo XVI y que se formalizo en 1620, con la cofradía de los hermanos de la costa. 

El reflejo directo de ese modo de vida, fue el escaso desarrollo de la población blanca y la familia, en la colonia francesa del oeste de la isla de Santo Domingo.

Al final, 200 años después, todos los colonos blancos murieron aplastados por la rebelión de los negros esclavos haitianos, de 1791 a 1804.

Lo planteado en estos días, desde el ministerio de educación, es la propuesta de que las comunidades, escuelas y familias dominicanas, pasen de la tolerancia a los transexuales, al adoctrinamiento, de los que no lo son. Es que pasemos del reconocimiento de la existencia de ciertas especies a su crianza y domesticación.

La equidad de género, razonamiento aceptado y promovido, abundantemente y con mucha razón, coloca al hombre y la mujer en un plano de igualdad. Bienvenido sea este estado de cosas, es una conquista de la democracia. Pero, hombres y mujeres igualados para los fines del desarrollo y el progreso, para el desarrollo de buenas obras, en aras del logro de la felicidad plena de nuestras  familias y comunidades.

En ningún caso, quiere decir, que esa igualdad, garantiza el derecho a distorsionar el orden divino, establecido, en que el hombre es el sexo masculino y la mujer el femenino. Transitar ese camino, es dañino para la mujer y también para el hombre.

Imaginamos, un niño(a), al momento de llenar el récord de asistencia  en una escuela cualquiera del país, que a este(a), se le pregunte, cuál es el género con el que prefiere registrarse, que al momento de formar filas para cualquier evento; ¿En qué fila prefiere estar, en la de las hembras o los varones? ¿Aque baño prefieres ir al de las hembras o los varones? 

Es un abuso, crear ese nivel de confusiones en el proceso de formación de nuestros actores sociales, realmente la escuela, la familia y la comunidad, les están formando, para que en el futuro, tomen buenas decisiones, ese es el sentido del proceso enseñanza aprendizaje. En la niñez no se toman decisiones de ese nivel de complejidad. Inducirles es una perversidad.

Enseñémosles desde niños, en todas partes, a dar gracias a Dios por haberles hecho un adorable hombre o haberles hecho una adorable mujer. Enseñarle a ser hombres y a ser mujeres en los que debe darse una indisoluble unidad, en armonía, procurándose la felicidad, amándose unos a otros, a sabiendas de que sin uno, no existe el otro. Esa formación les preparara para no aborrecer lo que hoy son.

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