25/09/2022
Opinión

Policía Nacional: el capital social y ruptura del círculo vicioso de la delincuencia




El Dr. Pablo Antonio Castro Ramírez, en su monografía Historia de la Policía Nacional Dominicana, la define como el cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, a las órdenes de la autoridad política.

De acuerdo al mismo autor, entre otras cosas, la Policía surge por la necesidad que tenía Trujillo de debilitar y/o anular los liderazgos locales, que se amparaban en la policía municipal de provincias.

El papel de la policía durante y después de la era de Trujillo no es nuestro tema. Nuestro tema es como queremos verla desde las comunidades hoy.

Como comunidad, compartimos con la policía el sagrado objetivo del mantenimiento del orden, sin el cual es imposible nuestro desarrollo. Pero debemos cambiar, para que nos ayudemos.

Entre las tantas cosas que habrá de cambiarse, de este cuerpo del orden, emerge como urgente e impostergable, la proyección social de su trabajo, hacia las comunidades. La policía debe ser un aliado, en la gestión de soluciones a los problemas sociales de las comunidades a que sirven.

Es que impongan su autoridad en pos de la solución a los problemas, antes que estos se conviertan en una crisis.

Como sabemos, la Policía tiene un registro de las familias y demás instituciones sociales y educativas que hacen vida en la demarcación bajo su mando.

También tiene la cantidad de viviendas de una comunidad. Sabe, además, si se construyen nuevas viviendas. ¿Es así? Así debe ser.

Con todos esos datos, más la atención especial de las familias, las juntas de vecinos las iglesias y las escuelas; asumimos que la policía cuenta con las herramientas necesarias para iniciar sus labores de prevención, del delito en cada comunidad.

Cuando señalamos a las familias, lo hacemos porque todos, inicialmente tenemos una familia, bajo cuyo seno nacimos y de donde salen las primeras lecciones.

En ella la Policía encuentra el historial de cada uno de sus miembros, con indicadores, que orientan, de manera efectiva para determinar: ¿Cuáles son sus problemas?, ¿Cuáles sus potencialidades?, ¿Cómo está funcionando el individuo, a lo interno de la familia?; ¿Quiénes están dentro de la estructura familiar? y ¿Quiénes nos pueden ayudar en cada caso?

Si queremos contribuir a la corrección de una conducta delincuencial y violenta, en una persona; no existe un espacio más apropiado que el ámbito familiar y comunitario. Cuando actúa junto a ellos, la policía logra comprometer e incrementar el poder a padres, a comunidad y el suyo mismo.

En caso de que no se logre el cometido, entonces la policía los tendrá a ambos, como aliados para poner en ejecución otros procedimientos.

Igualmente, todos estamos obligados, a asistir a una escuela. La escuela aporta  los datos necesarios, para determinar los niveles de socialización del individuo, desde temprana edad y a partir de este registro conductual, diseñamos un perfil. La policía debe poseer esos registros, si quiere hacer labor preventiva.

La Policía debe saber, además por lo menos cada año, quienes desertaron de las escuelas durante el período.

El control de las 24 horas del día, de actuación de un niño(a) o joven, de lunes a vienes queda distribuido entre la familia y la escuela. Sábados y domingos, la familia, la iglesia y la liga deportiva.

Para prevención a futuro, debemos procurarnos, por todos los medios posibles, la información de; ¿Dónde está? la población infantil y adolescente, entre 9 y 17 años.   Es un tema de alto interés, en nuestra labor de prevención de la delincuencia.

La idea es evitar que se formen los relevos, de aquellos que hoy nos intranquilizan.

Las situaciones que justificaron el origen histórico, de la policía, fueron superadas, ya no hay jefe, al que cuidar y los comunistas están retirados o actúan bajo métodos pacíficos.

El desarrollo de la democracia ha eliminado las razones que nos obligaron ayer, a seleccionar métodos de lucha violentos, en rechazo a la expresión del sistema capitalista en la República Dominicana.

En los años 60 y 70, parte de los hombres y mujeres más sobresalientes, de esa generación, perdieron la vida en una lucha, validada por gran parte de la población.

El escenario de hoy, no es el mismo, pues podemos exhibir un amplio pliego de conquistas, sociales y políticas, frutos de esas luchas.

Las motivaciones de la delincuencia y la violencia de hoy, tampoco tienen, como lo tuvieron las luchas ayer; una profunda inspiración revolucionaria, de indiscutible aprobación mundial.

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