11/04/2021
Cine

Dunkirk: cuando sobrevivir es una victoria




Lo primero que debería decirse es que esta película es un homenaje a aquellos que murieron en la playa de Dunkirk en Francia mientras se aferraban, una y otra vez, a una esperanza de evacuación que se esfumaba con el pasar de las horas y los continuos bombardeos de los nazis.

Debido a ello, Dunkirk no tiene un personaje central, carismático y fuerte con el cual identificarse, y por otro lado, tampoco tiene un enemigo visible a quien odiar.

Es decir, los nazis están ahí, lo sabemos y son quienes han acorralado en una franja de playa en Dunkirk a los soldados aliados, dejándoles este reducto como única vía de escape. Pero uno nunca ve realmente un soldado alemán, o mejor dicho, cuando estos finalmente hacen acto de presencia, las imágenes de los mismos aparecen borrosa, a la distancia o fuera de foco.

¿Es esto un defecto en sí de la película? De ningún modo. Es sólo un punto de enfoque y una concepción narrativa que tiene como todo, sus pros y sus contras.

Sin embargo, para los fines del director y guionista, el aclamado y prestigioso Christopher Nolan, este acercamiento hacia esa historia, inspirada en hechos reales, era la forma ideal y perfecta de narrar la misma, primero porque se ajusta al estilo multilateral y no lineal del director, pero sobre todo, porque su puesta en escena está estructurada en base a un montaje tan intenso y trepidante que simplemente no da respiros al espectador.

La película es narrada desde la perspectiva de tres ángulos, que el director ha denominado Tierra, Mar y Aire. Fusionando unos y otros, y saltando de una tensa situación en la tierra a otra similar en el agua o en el aire, Nolan no solo incorpora al film esa atmosfera de carrera contra el tiempo del que está impregnado, sino que además crea un terreno fértil para el suspenso, al mismo tiempo que da fiel forma a un relato de supervivencia y determinación.

Asimismo, este triangular enfoque narrativo contribuye a proporcionar ese sentido de reconocimiento al soldado desconocido del que está revestida la producción. Obsérvese en este sentido, el rol jugado por los tres soldados (Aneurin Barnard, Fionn Whitehead y Harry Styles) –simples reclutas sin poder alguno– que durante algún tiempo son el foco de la narración relativa al segmento Tierra.

No cabe duda, por otro lado, que uno de los momentos más impactantes y significativos de esta producción lo representa el inicio del film. Los primeros siete u ocho minutos de Dunkirk en los que apenas hay diálogos, y la película es en esencia narrada en imágenes, música y sonido constituyen una delicia cinematográfica; una elocuente muestra de destreza narrativa, exuberancia, y total dominio del lenguaje fílmico.

Pero estos no son los únicos valores de un film que tiene la particularidad de condensar en apenas 106 minutos no solo el sentido épico de las grandes gestas, sino sobre todo, la siempre dinámica, refrescante y compleja estructura narrativa de la que usualmente hace uso el respetado director Nolan.

Casi todos desconocemos lo que verdaderamente pasó en Dunkirk durante la Segunda Guerra Mundial, y la historia que plantea esta película es probablemente lo más lejos que llegaremos en ese sentido.

Dunkirk no es la típica película de guerra. Aquí no hay discusiones de estrategias, ningún asalto y ni siquiera corre la sangre como es común en el género. Es por ello que el film más bien concluye como un poderoso, y visualmente impresionante thriller en el que la tensión, el horror y el enervante suspenso se sobreponen y determinan toda la producción.

Basada a grandes rasgos en la evacuación de las tropas aliadas de la playa del pueblo de Dunkirk, en el norte de Francia, que en aquel entonces habían sido derrotadas por el ejército alemán, en mayo de 1940, la película recoge, y lo hace con una precisión cual si fuera minuto a minuto, la desesperada lucha de supervivencia de miles de soldados aferrados a un milagro.

De igual modo debe valorarse aquí también, tanto el estupendo y agobiante (debido al sentido de cercanía que transmite) trabajo de edición como los movimientos de cámara, y la excitante música contra reloj y sentido premonitorio de Hans Zimmer que consiguen atrapar y poner en primer plano al espectador.

La historia es íntima en su contextualización y puesta en escena, pero no así personal. Se entiende esto, ¿no? Es decir, aquí no hay cabida para el drama individual y emocional de los personajes.

Tal vez por eso el valor histórico de los hechos narrados no importan tanto para los propósitos del director Nolan, pero sí en cambio la intensidad del momento, el punzante suspenso y la creciente angustia y sentido de urgencia de sentirse acorralado entre el mar y el fuego enemigo.

Muy buen trabajo además, de un grupo de actores que incluye a los veteranos Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy y Cillian Murphy, pero en particular de los debutantes Fionn Whitehead y el cantante Harry Styles, a pesar de que el fuerte de este film no son las grandes actuaciones. Sus personajes, de todos modos, exudan autenticidad y credibilidad.

Finalmente, no sé si esta será la mejor película del año, pero lo que sí puedo asegúrales es que estará muy cerca de allí. Con Dunkirk, Nolan confirma que es uno de los pocos directores contemporáneos que revaloran el séptimo arte con sus trabajos y hacen que la experiencia de ir al cine valga realmente la pena.

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