Opinión

Desinfectar, suturar y tiempo para cicatrizar

Desinfectar, suturar y tiempo para cicatrizar. Este sería el proceso natural, por el que atravesaría el tratamiento para una herida física leve, en cualquier ser humano.

No ocurre así, cuando se trata de heridas en nuestros sentimientos o cuando percibimos que se han lesionado derechos, bienes o privilegios, que a nuestra consideración, hemos adquirido y que nadie nos puede extrañar.

Este tipo de herida, sólo es curable, con la conversación de frente y sincera, de los afectados directos. Sin el público que contamine, con aplausos o abucheos, a coro, para cada golpe o caricia. Al final, ese público, en estos casos, se alimenta de los pedazos arrancados, entre sí, por los afectados directos. El paso del tiempo, por sí solo no asegura el proceso curativo en ninguno de los casos.

Estamos conscientes de que lo puesto en juego está por encima de los afectados directos y muy por encima de los miembros del coro. Además, de que Juan Bosch siempre advirtió sobre los riesgos que implicaba la naturaleza pequeñoburguesa de los miembros de los partidos en República Dominicana, incluido los de la izquierda.

Años de luchas costó conseguir los mecanismos para el funcionamiento de la democracia interna. Una vez tenida a mano no se le entiende, o no se le respeta y amenaza con destruir al partido, cuya unidad, aunque débil sobrevive. Ya lo hizo con el PRSC y con el PRD.

En los últimos años, la democracia interna en los partidos políticos, en sus momentos más críticos, se expresa en los procesos denominados como “precampaña”, actividades durante las cuales, se eligen los candidatos que presentará el partido, para un torneo electoral próximo a desarrollarse. Con menor importancia, desde el punto de vista de la conflictividad, se presenta, en los eventos de promoción de propuestas, para la elección de autoridades internas en los partidos.

En un partido de organismos, como lo es el PLD, donde prima la unidad de criterio, la crítica, con la que se cuidan entre compañeros y autocrítica, con la que se cuidan de sí mismos; como única vía de aproximación a la verdad y cierre o disminución de las posibilidades de comisión de errores. Este proceso no debe suponer ningún tipo de trauma a lo interno.

Pensando así, la precampaña en el PLD constituye un ejercicio de preparación simple, donde ya conocidas las posiciones electivas y los perfiles para cada una, los miembros del partido, en el organismo que le corresponda, hacen la selección de sus mejores recursos humanos para presentarlo a la población general o al partido, según sea al caso.

Fatalmente, se arrastra el antecedente de que mientras realizan ese proceso de selección se descuartizan entre compañeros, confundiendo el ejercicio con la guerra. Se   tiran a matar.

Se olvidan que, en este ejercicio, la confrontación es simulada, los golpes no son reales, se dispara con balas de salva. La misión, en esta parte no es aniquilar al miembro del equipo contrario, porque ese es un contrario simulado, realmente es un compañero.

El mismo que le habrá de acompañar en las trincheras de la contienda por venir, la contienda real. Si le destruye, está reduciendo sus propias fuerzas, creando un enemigo con el que está obligado a convivir. Nadie rinde en una trinchera compartida con un enemigo.

Este ejercicio de preparación debe concentrar sus mayores esfuerzos en mostrar a la militancia, en el local que corresponda a ese organismo; el poder, la capacidad de gestión, el dominio en el análisis de la problemática, con que cuenta el aspirante a candidato, para defender los intereses del partido, en una contienda nacional, local o interna.

Tal estado generado en las discusiones internas es el arma con que cada uno de los miembros, encarará, los trabajos, tanto en la orientación de los simpatizantes, como en la contienda, con el verdadero enemigo.

El ejercicio de preparación o precampaña a quien va dirigido es a los miembros del partido, ese es el ejército natural que se debe preparar, con el conocimiento de las fortalezas y debilidades del proponente electo, esos son los votantes internos y los comprometidos, con la difusión de la propuesta surgida del proceso. Nadie más lo puede hacer.

Si es así, ¿cuáles son las ventajas de llevar el ejercicio a la población en general? Si la decisión de elegir candidatos es interna y luego el trabajo hacia fuera quienes lo realizan son los miembros del partido, promoviendo a lo mejor de cada organismo.

Al parecer, fuera de los organismos es donde se abren los espacios propicios para que el dinero doblegue a las ideas. Es lo que explica, la incursión en la política de elementos, que en su cabeza, solo tienen el saco de dinero que cargan. Explica, además la razón por la que la discusión política anda a rastra. Cuando puede andar.

En esta parte de las acciones de preparación no es válido el ataque directo a la persona, del adversario interno, el ataque debe ser a las propuestas como gestor del organismo al que pretende pertenecer o que pretende dirigir. Esto, con la misma intensidad con la que lo haría, el contrario externo.

Es decir, las ideas son el centro del debate político, no las personas.

Saber que en la precampaña el fin no justifica los medios, porque los medios mal elegidos en esta etapa del proceso se convierten en una debilidad del partido, durante la campaña.

Siempre se debe ser cuidadoso, al seleccionar los medios para el debate interno, no vaya a ser que con esta selección estés limitando, destruyendo el recurso humano de la organización y apostando al rompimiento de la cohesión interna. Así confundiríamos el verdadero fin de la acción, aún cuando su propósito se pueda considerar como logrado.

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