07/12/2021
Espectaculos

Crítica musical al elepé «Salsa… y algo más» (1971) de Johnny Ventura

El elepé Salsa… y algo más precede el disco que representará la celebración del décimo aniversario de carrera de Johnny Ventura, desde su debut en solitario cuando en el 1962 publicó La agarradera. En este contexto, el artista va dejando atrás la diversidad de géneros que predominó en su discografía; el bolero, omnipresente a lo largo en su primera década, queda fuera en esta ocasión.

Del otro lado de la moneda está el merengue, que aquí empieza a dominar su repertorio. Poco a poco, Johnny va mudando la piel musical para abrazar el género que definirá su personalidad artística hasta el final de sus días. Sin embargo, ritmos como el guaguancó y el son montuno, todavía sobreviven. El mercado, con el fenómeno Fania que generaba en el público un furor envidiable sobre todo en Estados Unidos y parte de América Latina, imponía seguir apostando a estos estilos.

Es por eso que la palabra «salsa» aparece en el título de este elepé. Los elementos de lo montuno sigue latente, y el sonido de la trompeta del virtuoso Prudy Ferdinand suena portentosa, en el guaguancó Buscando la melodía, una composición que se acredita al binomio Guerra-Blanco. Estas son las raíces del gran árbol melódico de Johnny Ventura. Guaguancó contra el merengue.

Buscando la melodía marca el ritmo y el paso en el camino que recorre Ventura, por demás intérprete de todos los temas, con excepción del merengue Lucía, a cargo de Luisito Martí. Abre la historia narrativa de este disco Domilanchán, composición de Gerald Cruz, que conserva tantísimos años después su vitalidad sonora.

Entre una cosa y la otra, se completa el ciclo de la apuesta a punta de guaguancó: El alfiler, María Dolores –no se establece el compositor en ninguna–, y Macondo, de Daniel Camino Diez. Canciones que con el tiempo se desvanecieron en el olvido, engavetadas por el propio artista a quien difícilmente se le escuchó cantarlas en algún directo.

El cancionero clásico también se resiste a desaparecer. O por lo menos sigue cautivando al artista. Desde el 1964, Johnny apela a la nostalgia a través de versiones actualizadas de merengues tradicionales: Sancocho prieto Loreta, ambos de Luis Alberti; El negro feliz, de José L. Sosa; San Antonio Los algodones, de Ñico Lora o Fiesta en la joya, de Félix López Kemp. De Pedro Reynoso, en esta ocasión, incluye Juanita Morel, uno de los merengues más versionados.

Un aceleradísimo Ven a mí se levanta como pieza peculiar. Es la velocidad que en buena medida identificará al Combo Show y otras orquestas que saldrán al ruedo obviamente influenciadas por el Caballo Mayor. El compositor Tito García aporta este merengue, al que le sigue Dale un palo (derechos reservados), notas más apropiadas para el baile «acompasao», con los mismos aires de Contagiando, autoría de Andrés Santana. Y así cierra este notable elepé en el que Johnny Ventura es salsa, merengue y algo mucho más.

Artículo escrito por Maximo Jimenez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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