21/01/2022
Espectaculos

Crítica musical al elepé «Salsa» (1973), de Johnny Ventura

Johnny Ventura siempre dio crédito al merenguero Joseíto Mateo, al rey del rock and roll Elvis Presley y al sonero cubano Benny Moré, «el bárbaro del ritmo» como sus principales influencias artísticas. A este último dedica el elepé Salsa (Mate – MQ-6022), un artista al que públicamente siempre reconoció que le tenía una gran admiración.

El cantante líder del Combo Show de manera indirecta quiso tributar al célebre artista cubano con esta producción. Con esa aspiración, apela a temas fundamentales del cancionero latinomericano, a compositores de reconocimiento internacional y prestigio universal, algunos de ellos. Es el caso de Naufragio, autoría del incomparable Agustín Lara, que tiene a Tito Rodríguez como uno de sus mejores intérpretes.

Salsa es una producción que se pierde en la extensísima discografía de Johnny Ventura. De escasa referencia histórica, sin embargo, eso no obra en su contra, porque la selección de sus ocho canciones suponen un ejercicio meticuloso por parte del admirable cantante dominicano. A Naufragio, para enfatizar el criterio de esa labor a que hacemos reseñamos, se suma Un mundo raro, autoría del cantante y compositor mexicano José Alfredo Jiménez.

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Pero el álbum arranca con El engaño de Andrés Santana. Es otra de las apuestas sólidas en este LP. Ahí tenemos un trío de canciones portentosas, que enriquecen el buen gusto musical de El Caballo, quien observó que para ese entonces –1973– ya la salsa era un fenómeno comercial al cual no podía darle la espalda, si bien es cierto que el guaguancó y la guaracha, elementos propios del universo creativo que dieron como resultado el referido género, están presentes en la mayoría de sus discos anteriores.

De los compositores C. Peñaloza y M. González, Johnny echa manos a Blancas margaritas, que primero habían grabado Domingo Lugo o Los Papines de Ricardo Abréu o el Dueto de Antaño. Canciones estas que van de época en época, pasándose de un género a otro, de un intérprete de aquí y otro de allá, que se resisten a caer en el olvido.

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Incontables son hoy las versiones que alimentan el clásico Tiene sabor, esa legendaria composición escrita a dos manos por Ignacio Piñeiro y Rolando Valdés. Hace justicia Johnny a esta vibrante canción que entre sus referencias más recientes está la grabada por Buena Vista Social Club con Omara Portuondo como intérprete de lujo, incluida en el CD Lost and Found del 2015.

Este es un disco que sirve de pretexto para sintonizar con el melómano salsero, uno entre pocos –quizás el único– en la discografía de Johnny exclusivamente dedicado al género tropical. Maldita suerte A burujón puñao (de Carbó Menéndez) también aparecen en dos versiones muy bien logradas, con el Mosaico 1930 de siete minutos y 36 segundos para cerrar con broche de oro. Este mosaico está compuesto por otras tres canciones de referencia inevitable: Toda una vida (de Oswaldo Farrés), el Obsesión de Pedro Flores y La sitiera, de Rafael López. ¡Salsa! que esta vez no es para el lechón, sino para todo aquel que gusta del ritmo.

Artículo escrito por Maximo Jimenez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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