20/09/2021
Espectaculos

Crítica de teatro: «Omar y los demás», viviendo la muerte eterna

Las obras dramáticas de Franklin Domínguez, sin duda el dramaturgo dominicano más prolífico y trascendente, cuya trayectoria fue galardonada en el 2019 por la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) con el Premio Soberano a las Artes Escénicas, suelen abordar el inquietante universo existencialista del hombre. Omar y los demás como la que más. Un texto de importancia en su carrera, con el que ganó en 1975 el Premio Nacional de Teatro Cristóbal de Llerena otorgado por la Secretaria de Estado de Educación, y ocho años después, recibe el Premio del Certamen Internacional de Dramaturgos «Diego Fabbri, en Palermo, Italia.

El de Omar y los demás es un texto que desafía la capacidad interpretativa de cualquier actor, por la envergadura del personaje, que quizás no pudiera asumir cualquiera. Pero el veteranísimo Orestes Amador –nominado al Premio Soberano en dos ocasiones como Mejor actor por Los hijos del Fénix (2006) y por Bachata (2018)– asume con determinación y mucha confianza en sí, dándole vida a la insignificante vida de Omar, un hombre cualquiera, un dominicano que también es el latinoamericano que se sabe a las puertas de la muerte y repasa cuán miserable han sido sus horas, semanas, meses… sus años.

Orestes trabaja aquí a las órdenes del meticuloso Fausto Rojas, que ha demostrado ser un artista que sabe mezclar las tendencias tradicionales con los aires de vanguardia. Es la atmósfera que recrea en este montaje, con un trabajo escenográfico (Fidel López), de la iluminación del veterano Bienvenido Miranda y el vestuario concebido por Cromcin Domínguez Cepeda. Todo ello con musicalización en vivo a cargo de Vadir Leonid González Báez, a su vez hace de «el hombre del piano».

Decíamos que Orestes es Omar, personaje central cuyo centro narrativo se manifiesta en las misteriosas y profundas aguas del mar. Escenario que se recrea con justicia en la sala Manuel Rueda de la Plaza del Conservatorio. Desde esa humedad existencial, Omar regurgita su pesado pasado. Se lamenta, vuelve una y otra vez a su diario (de vida) cuyas páginas en blanco son tan frívolas como el agua que hace olas a sus pies. 

Nadina, la esposa que interpreta Maggy Liranzo, espera pacientemente por lo que ha de venir, entrecuzando las agujas en la tela, tejiendo su inevitable futuro. Entre ellos solo hay lamento, tristeza, inconformidad. Los pescadores que navegan en la cercanía le recuerdan ya es tarde para reintentarlo. Denis y Miguel Bucarelli se meten en la piel de lo que muy bien es una suerte de «la voz de la conciencia». Inconcientemente, Omar como «un hombre de buena voluntad, con grandes deseos de transformar la humanidad» piensa en los aportes de las grandes figuras de la Historia con mayúscula. Está lejos, lejísimos de acercarse.

Omar y los demás es un relato casi unipersonal, con el resto del elenco tratando infructuosamente de hacerle entender a Omar que todo llega a su final. Con intervenciones puntuales, intermitentes, y a los que mencionamos, se suman Pachy Méndez como Mirna y Cristela Gómez como Mónica, roles antagónicos por los siglos de los siglos. Vaya nuestro reconocimiento a la puesta en escena, que reitera lo tanto que disfruta Fausto Rojas cuando se arriesga, en todos los sentidos. Orestes hace justicia a su personaje, y con ello consigue una labor interpretativa convincente.

Artículo escrito por Maximo Jimenez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (2011-2013), autor del libro «La gran Aventura de la bachata urbana» (2018).

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