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Crítica de teatro | “Buenas noches mamá”: un drama demoledor

No es muy frecuente tener la oportunidad de ver en el teatro dominicano una obra galardonada con el premio Pulitzer. Buenas noches mamá es la versión en español de Night, Mother, el drama con el que Marsha Norman (Kentucky, Estados Unidos, 1947) ganó el prestigioso galardón en 1983. El estreno de esta conmovedora pieza corre por cuentas de Teatro Mandrágora, la compañía que en el 1999 puso en marcha nuestra célebre directora, productora y actriz María Castillo.

Esta producción, que se presenta en la sala Ravelo del Teatro Nacional, reúne dos actrices que representan dos generaciones: María Castillo –veterana, que además produce y dirige– y a Judith Rodríguez, ganadora del Premio Soberano 2018 como Mejor actriz de cine por su aplaudida interpretación en Carpinteros, la película de José María Cabral. Unión escénica que, y no era para menos, generó expectativas en el ámbito teatral citadino cuando se anunció el proyecto.

Night, Mother, que para el 1983 cuando recibió el Pulitzer era la quinta obra de Norman, dibuja con trazos psicológicos la inquietante y accidentada relación de una madre envejeciente y una hija adulta, quien en los primeros minutos le revela a la mamá que en unas horas se suicidará, revelación que siembra la semilla del terror, el pánico y la agonía en la primera; y la fuerza de voluntad y determinación en la segunda.

La obra se desarrolla en el apartamento donde viven madre e hija, con una escenografía muy bien cuidada y recreada por el talentoso y creativo Fidel López. A pocos minutos del inicio, con la revelación suicida de la hija, advertidos estamos del trágico final que afortunadamente nos mantendrá el interés latente hasta el grand finale. Aún con su cierre predecible, Buenas noches mamá se beneficia de la condición, condicionando al público a hurgar en el pasado de dos seres que se aman a su manera y se odian hasta la muerte.

Es probable que en el fichaje de Judith Rodríguez para interpretar a la hija, la madre María Castillo vio en ella todo lo que nos ofrece en escena: una actuación sólida, que no gana más precisamente por la estatura de la otra actriz que tiene al lado. Desde su primer encuentro en el escenario, Judith y María se enfrentan y afrontan un duelo interpretativo, porque no podemos calificarlo de otra manera. Hora y media sosteniendo un diálogo en el que predomina el drama, pero con destellos cómicos que nos hacen olvidar el infausto anuncio del suicidio, y hace revivir en muchos la esperanza de que, al final, la vida podría vencer la muerte.

Madre e hija se dicen verdades, aquellas que sobre el manto de la mentira alimentó en la segunda la decisión de suicidarse. María intenta infructuosamente de convencer a Judith para que desista de su intención. Todo transcurre como si ambas estuvieran organizando el evento de sus vidas, con una normalidad intermitente interrumpida por la incredulidad de una madre que nunca quisiera ver partir a su hija.

Una obra que revive sentimientos encontrados, culpas reprimidas y deseos irrealizados. El trasfondo de una familia presente en teoría tras el recurrente recordatorio del padre que murió y el hermano ausente. Un cuadro doloroso, intenso y dramático. Buenas noches mamá no puede ser un golpe de suerte que haya reunido a María Castillo y Judith Rodríguez, sobre la base de un Premio Pulitzer de una dramaturga con el reconocimiento de Marsha Norman. Esperemos que no, y que el teatro siga apostando a la suma del talento, la experiencia y la calidad que se fusionan en este magnífico montaje.

Artículo escrito por Máximo Jiménez

Periodista, crítico de cine. Ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte), coordinador de la tertulia "Música entre libros" de la Biblioteca Juan Bosch (Funglode).

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