Opinión

Círculo vicioso de la delincuencia y la violencia en la República Dominicana

En los últimos años, se han dedicado miles de páginas y horas de comentarios, al tema de la ola de delincuencia y violencia que nos arropa; digno es de reconocer que la policía y la justicia, señaladas para manejar el tema, han reaccionado ante los hechos; pero sin que estas reacciones tengan resultados perdurables.

El problema radica, en que no encaramos la delincuencia y la violencia, de manera proactiva y general. No existe un plan de prevención al delito, que no sea mostrar muchos guardias, policías, confiar en las cámaras y perseguir motociclistas.

Nada de eso incide de manera determinante en la decisión de delinquir, tomada por el individuo.

Cuando el individuo da sus primeros pasos, como actor social, es el momento en que debemos comenzar a trabajar en su conducta, ahí, en el medio que lo ha visto nacer y desarrollarse, es ahí donde el individuo se perfila, como lo que nosotros queremos o no queremos que sea.

La familia, es la génesis del problema y también de la solución a este. Quiera o no, la pertenencia del individuo a la sociedad, en que vivimos se patentiza a través de esta institución.

Nosotros somos partidarios de la tesis de que no puede existir un plan de prevención de la delincuencia y la violencia, sin la realización de un profundo trabajo al interior de la familia, considerada como la principal célula de la estructura social.

La relación entre estructura social e individuo datan de los tiempos en que el hombre abandona el individualismo zoológico, en que vivió durante el modo de producción comunitario primitivo y se da reglas para vivir en un orden social, que les proteja a la vez que le compromete.

El Libro de los Muertos, reglamentó a Egipto, El Código de Hammurabi a los mesopotámicos, El Zend-Avesta a Los Persas, Los Vedas a los Hindúes, Los King a los chinos, La Biblia a los Hebreos; y de ahí pasar a la amplia producción bibliográfica, jurídica y social, de Griegos y Romanos que dan fisonomía a las civilizaciones occidentales.

Pasarían miles de años para que hasta nosotros llegasen las ideas de los expositores del pensamiento social moderno. Thomas Hobbes y John Locke hicieron grandes aportes hasta que finalmente Jean-Jacques Rousseau (Filosofo, Medico y Naturalista; 1712-1778), en su influyente tratado El contrato social, publicado en 1762, se encarga de clarificar la realidad entre individuos a lo interno de la sociedad.

Hemos de despertar a la realidad de que tenemos una guerra, declarada por los antisociales individuales y estructurales; que están dispuestos a desafiar el orden, lo que nos coloca ante una crisis social.

La policía los enfrenta, la justicia los condena y encarcela. El dolor, en cualquier caso va a la familia; porque la rebelión, desde donde viene y hacia donde va, es a la estructura familiar.

Reconocer que los delincuentes no son extraños, que llegan como tales a nosotros. Ellos se desarrollan entre nosotros; son nuestros hijos, hermanos, sobrinos, nietos, amigos, vecinos, etc., los conocemos, los queremos, nos duelen.

El extremo de nuestro fracaso como familia y como comunidad permite la entrada de la policía nacional y la justicia, al escenario social en que vivimos. Estos más que solucionar el problema; abren el espacio para que se ejecute “el circulo vicioso de la delincuencia y la violencia”

Los que no delinquimos, les tenemos temor y desconfianza, en vez de respeto, pero los delincuentes no le temen ni le respetan, cambiemos nuestro temor por confianza y juntos construyamos el respeto; como valor abstracto, inexistente hoy, en nuestra sociedad.

En la práctica podemos afirmar, que en la lucha contra la delincuencia, específicamente la referida a los jóvenes; la policía, el sistema judicial y penitenciario, reciben una larva, que molesta a la sociedad. Al final nos desvuelven   un monstruo, resentido y con postgrado, en delincuencia, que amenaza con hacerla sucumbir.

En principio, la policía quien inicia la persecución del delito, concluye con la formulación de un expediente. Este proceso incluye, la concebida ficha (negativa), que marca el inicio del rodaje de la persona imputada, en el círculo vicioso de la delincuencia.

El órgano judicial a que corresponda se apodera del caso, dicta sentencia y envía al reo a la cárcel, al calor de la cual, la larva evoluciona a monstruo.

Cumplida la condena, le corresponde a la sociedad recibir el resultado del esfuerzo anterior. Aquí se inicia el problema; la sociedad no confía en la rehabilitación del o la joven, le rechaza. Iniciamos el movimiento del círculo vicioso de la delincuencia, que nos lleva de nuevo al punto inicial.

Esta situación empuja, de manera indiscutible, hacia la reincidencia del individuo, en el delito que lo confrontó con las autoridades u otras formas de delito. La sociedad le rechaza y los delincuentes, en libertad le reclutan, para ejercer violencia contra ella.

En sentido general el sistema carcelario dominicano, no garantiza un cambio de conducta positiva en el individuo ingresado .Existe la apreciación de que las cárceles Dominicanas, son instituciones productoras de resentidos sociales.

El actual sistema de reclusión, no garantiza un cambio en la conducta del individuo, que indique la negación por parte de este, de sus hechos pasados.

Una persona en reclusión, permanece al menos 18 horas, reflexionando, solo o mal acompañado, sobre las razones que le llevaron allí. En este escenario ¿Quién ayuda a que se emplee ese tiempo para que el prisionero reconozca su error y reniegue, de manera sincera, de este.

No contamos con una estructura, que apoye al proceso de reeducación de los individuos en conflicto con la ley, encarcelados. En el mejor de los casos, les enseñamos un oficio; sin pensar que estamos escribiendo sobre un papel ya marcado.

Nuestro enfoque se basa en un proceso de reeducación, o sea borrar conductas negativas, atesorar las buenas e insertar en los espacios en blanco, otras conductas, que son del interés de la sociedad, para la correcta reinserción social del individuo, al salir de la cárcel.

El espíritu delincuencial, no se doblega, de manera permanente con el castigo físico. La mansedumbre y obediencia mostradas, solo se manifestarán en presencia de este. Esa manifestación conductual se llama miedo, no respeto.

Saber que el castigo físico; endurece, radicaliza, predispone y genera resentimientos del individuo, contra la sociedad que le condenó. Eso es lo que estamos recibiendo hoy, en nuestras ciudades y campos de la República Dominicana.

En un escenario hipotético, en el que la policía y justicia, están saneadas y actúan de manera correcta, no resolveremos el problema de la delincuencia y la violencia, sin antes lograr la salud estructural de la familia; pues es de ahí de donde provienen los miembros de ambas instituciones.

La familia; es la génesis de la delincuencia y la violencia, es quien aporta tanto a la víctima, como al victimario, a los que persiguen al crimen y también los que los juzgan.

Quiere decir, que la familia en este escenario de violencia y delincuencia, no es solo una parte involucrada en el problema, como lo serían otras instituciones políticas y sociales. La familia es la parte comprometida del problema.

En ella se produce la sangre y se consumen las lágrimas.

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