Opinión

No le sepulten, el PLD aún vive

A propósito del 43 aniversario de la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), consideramos que el ejercicio responsable, al momento de reflejar nuestra percepción de la realidad que nos abate; es aportar soluciones o posibles soluciones; no quedarse en la simple denuncia, búsqueda de culpables, declararse incompetente para lidiar con la situación o entrar en la más irresponsable de las posiciones, ¡Todo está bien!

Es evidente que hemos cambiado, nos hemos transformado. Hace apenas dos décadas se nos distinguía, por ser individuos poseedores del más correcto y bien fundamentado, conjunto ideológico; de una sólida, recta formación política y social.

Hoy damos muestras de una liquida, gelatinosa y hasta gaseosa formación, que se adapta a lo más retorcido, que nos presenta el molde social y político, que nos hemos impuesto.

Nos comportamos, como lo que hasta hace pocos años criticamos y combatimos.

Por un asunto de principios, era inimaginable, que nosotros pudiésemos acomodarnos en los espacios conductuales, en que hoy, plácidamente reposamos. Peor aún, es la fuerza con que se defiende a esa distorsión.

Algunas de las expresiones graciosas, con las que se justifican, los que por confianza, no tienen que mostrar vergüenza son: ¡Ya no son los mismos tiempos!,! Eso es cosa del pasado!, ¿Todavía tú está pensando en eso?

Lo prudente, lo aconsejable es que volvamos a pensar en eso. Les invito, a que piensen en eso; porque esa es la diferencia entre nosotros y los otros; lo ha sido por décadas y si pensamos sobrevivir, como organización, debemos diferenciarnos, porque en esencia no somos iguales.

No permitamos que el molde se retuerza con nosotros dentro; que rechine, que se rompa, que nos expulse; pero no podemos adoptar esas formas.

Recordar, siempre que “la idea sobrevive al hombre,” Las ideas de Juan Bosch, expresadas en su visión; política, histórica, sociológica, económica y filosófica; no murieron con este, nos fueron heredadas.

Las recibimos, sin cuestionamientos y las declaramos, aun hoy, ante el mundo, como las mejores. Si es así; nuestro compromiso es respetarlas, fortalecerlas y entregarlas a las nuevas generaciones, para que hagan buen uso de ellas.

El más grande líder que ha tocado cualquier parte de esta tierra; en el apogeo de la difusión de sus ideas, cuando impresionaba con su sabiduría y milagros; solo 12 personas le acompañaban y estaban totalmente comprometidas, con él y con la causa.

De esas 12 personas, uno le vendió y otro le negó; le llevaron a un juicio en plaza pública y al momento de tomar la decisión, en cuanto a él; no se oyeron las voces de sus defensores.

Le dieron muerte; y en el momento en que expiraba; millones de seguidores se plegaron ante sus ideas; y cientos de miles murieron defendiéndolas; algo que no hicieron por el hombre.

Hoy, más de dos mil años después; miles de millones le siguen. Eso no lo podía lograr el hombre; solo las ideas lo pueden.

Físicamente, Juan Bosch murió, pero sus ideas le sobreviven; igual lo hará el liderazgo actual y de ellos solo sobrevivirá, su legado histórico, su contribución a la sobrevivencia de la herencia dejada por el líder.

En algún momento de nuestro desarrollo histórico reciente, hemos llegado a considerar al hombre, por encima del conjunto ideológico. Alrededor del hombre, otros hombres y otros, alrededor de estos últimos, llegando a constituir un grupo.

Al grado de que entre; afectos, apologías, lisonjas y chismes; nuestros líderes, humanos al fin; no alcanzan a ver la razón histórica por la que ocupan tal posición.

Esta situación no debe sorprender al liderazgo, pues ya estaban alertados por la declaración de principios, el lema y las normas estatutarias del partido.

Confucio afirma: “Si ya sabes lo que tiene que hacer y no lo haces, entonces está peor que antes”.

Ciertamente la situación que nos llevaría a la posición de equilibrio, sabiendo en que fallamos; requiere de grandes sacrificios, todos entendidos como correctivos en pro del bienestar de la organización; amistades, cariños, proyectos personales, proyectos económicos, proyectos políticos.

Valido para los que nuclean grupos a su alrededor y para los que aspiran a tenerlos; pues no se trata de cambiar un grupo por otro. Se trata negar al grupo, como como espacio para la toma de decisiones; porque se presta a distorsiones y corrupciones, de las que nos previno Juan Bosch.

El partido es el conjunto ideológico, aportado por Juan Bosch, no es un hombre, no es un grupo de hombres; es un conjunto de ideas, que pudo sobrevivir a su creador, sobrevivirá al actual liderazgo y también sobrevivirá a los grupos.

De ellos solo recordaremos, porque lo registrará la historia, el buen o mal juicio con que le dirigieron y las contribuciones, que hayan hecho, a su fortalecimiento y sobrevivencia.

El PLD, vive y vivirá en la mente y el corazón de los miembros de las bases del partido; pasaran los hombres, los grupos, las malquerencias, afectos, retaliaciones; pero las ideas de Juan Bosch, no morirán, si es así; “el PLD, aún vive”. Vivirá hasta que la historia lo niegue, por haber sido sustituido, por un conjunto de ideas, que le superen. Lo cual, aun no existe.