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Darlyn Portes: el príncipe de los sueños realizados

Nada le es ajeno. En los asuntos de los placeres, sabe vivir consciente de que por acá estamos de paso, y por eso, cada minuto cuenta. En segundos, como por arte de magia, pasa literalmente de un lugar a otro siempre buscando compartir con los suyos momentos inolvidables, minutos que se irán y quedarán en el recuerdo, porque al final, “es lo que uno se lleva”, se le oiría decir en una de esas irresistibles tertulias madrugadoras.

Pudiéramos ponerle punto final a esta nota sin mencionar su nombre, y probablemente usted concluiría en adivinar su nombre. Pero no le torturaremos y pasamos a identificar como Darlyn Portes a nuestro protagonista en cuestión, a quien en lo adelante solo nos referiremos como Darlyn.

Darlyn se curtió hace unos años en la farándula dominicana, pero siempre evitando que le salpique el mundillo del espectáculo, marcando la diferencia como un hombre de gustos refinados, diseños (hoy) envidiables, relaciones peligrosas y contactos insospechables. Pertenece a un grupo de sospechosos habituales que decidió partir a Estados Unidos, porque desde Nueva York, la vida tiene un poco más de glamour.

Viaja en primera clase o en vuelo privado (no se ría, que sabemos lo que decimos), y se ríe a carcajadas cuando en uno de sus vuelos cotidianos se topa con algún talento dominicano que va a la Gran Urbe en coach, sin guardar las apariencias que predomina en la pantalla chica o en la gran pantalla del merengue y la bachata.

Da igual verlo caminar por las románticas calles de París y pocos días después saber que anda por los Emiratos Árabes, disfrutando de algún partido amistoso, compartiendo con celebrities que ni usted ni yo veremos a no ser que la Providencia obre a nuestro favor.  Porque París es una de sus ciudades predilectas (de quién no?) donde ha estado en lo que va de año ya dos veces. Praga (allí vio una ópera clásica), Dubai… y así, las millas se van acumulando cual si fuera el personaje de George Clooney en Up in the Air.

Hace poco, estuvo en el Mundial de Fútbol o en la Copa Mundial, en Brasil. Iba de ciudades en ciudades, observando en primera fila los partidos de la Copa, como si se tratase de algún amigo íntimo de Ronaldo, Neymar o Messi. Lo decimos en serio.

De Brasil volvió a sus aguas, a Nueva York, donde se codea con Romeo o cualquier otro astro de la música o la televisión. Eso sí, no vaya tras sus pasos por el Alto Manhattan, mucho menos por Washington Heights, a no ser que tenga compromisos inevitables o algún encuentro cercano de tercer tipo reservado para esa zona. No es lo suyo.

La semana pasada, de Nueva York alzó vuelo para darse un “piscinazo” en Miami y desde allí vino a su querido Santo Domingo y, fugazmente, pasó el lunes por el Jet Set para ver de cerca al otro Mayimbe, a Anthony Santos, quien todavía al filo de la madrugada estaba vociferando y bebiendo a “pico e’ botella” en tarima, mientras Darlyn disfrutaba la velada y apenas pudo dormir una hora para tomar un vuelo a primera hora hacia los “nuevayores”.

Las grandes urbes, los grandes eventos, las privilegiadas alfombras rojas (solo le falta ir al Oscar), las bodas exclusivas (¿habrá asistido a las nupcias de Evelio Herrera y Tueska?) ocupan su apretadísima agenda. En fin, que si seguimos esta nota se alargaría más que la crisis del PRD, porque la vida de Darlyn Portes sigue su curso, no como la de cualquier mortal, porque lo suyo es otra cosa: está aderezada con ese néctar que solo degustan los discípulos del buen vivir y el vivir bueno, que no es lo mismo. “Me basta”, nos parecería escucharle decir.